José Mourinho, nacido para ganar

Existen ciertos privilegiados que parecen destinados a seguir el camino de la victoria. Ganadores natos acostumbrados a triunfar en todo aquello que se proponen. Su carácter peculiar, álgido y osado por culpa de su exitosa rutina, crea diferentes corrientes entre la masa social. O se les ama o se les odia. José Mourinho es quizá una de los machos alfa de esta característica especie.

Como él mismo se denominó personalmente hace ya cerca de un lustro, este portugués de 47 años es un personaje “especial”. Ha roto moldes y tópicos desde que era un simple crío de Setúbal, donde a diferencia de otros chavales, él se dedicaba a hacer alineaciones en vez de jugar al fútbol en el patio del colegio. Nunca se dedicó al fútbol profesionalmente ni militó en equipo alguno, ya fuese amateur o de categorías inferiores. Dedicó toda su juventud al estudio, graduándose en Educación Física y obteniendo el título de entrenador de manera muy precoz.

Aunque cueste creerlo conociendo su carácter, durante sus primeros años como profesional realizó trabajos a la sombra. Como asistente del Estrela Amadora, Vitoria de Setúbal y, por supuesto, del FC Barcelona, mamó lo suficiente como para conocer los entresijos y el día a día de un vestuario de primer nivel. Precisamente, el “cariñoso” reconocimiento de “traductor” con el que le reciben calurosamente los aficionados culés, deriva de su etapa como ayudante de Bobby Robson y posteriormente, de Louis Van Gaal. Fue en Can Barça donde ascendió escalones progresivamente, pasando de ser un simple intérprete a implicarse directamente en los entrenamientos del primer equipo y dirigir incluso el filial.

Su primera gran oportunidad al frente de un equipo le llegó en 2000, cuando el Benfica destituyó a Jupp Heynckes. Mourinho se ganó la aprobación de gran parte del fútbol portugués gracias a sus buenos resultados, aunque no terminó la temporada por desavenencias con el presidente. Pocos meses después, se hizo cargo del União de Leiria, un modesto conjunto condenado al descenso antes de comenzar la temporada 2001-2002, al que aupó al quinto puesto de la Liga Sagres. Mérito más que suficiente para dar el salto al Oporto.

Al frente de los “Dragones Azules”, Mourinho comenzó con su particular recital de lecciones futbolísticas, formando un prodigioso grupo en el que destacaban unos por entonces desconocidos Ricardo Carvalho, Deco, Costinha o Maniche. Los resultados hablan por sí solos. Ganó dos ligas de manera insultante, llegando a batir el récord histórico de puntos en la primera y alzando el trofeo con bastantes jornadas de antelación en ambas. Levantó una Copa portuguesa y dos Supercopas, así como un triplete “light” en 2003 con Liga, Copa y UEFA. Pero sin duda, su mayor hazaña fue lograr la Champions League con el Oporto en 2004, venciendo al Mónaco por 3-0 y labrándose una reputación envidiable en el panorama internacional.

Aunque sus etapas en los clubes a los que entrena suelen ser breves, la eficacia que alcanza es sobrecogedora. Con la Copa de Europa bajo el brazo aterrizó en Londres para dirigir el faraónico proyecto del Tío Gilito ruso, el multimillonario Chelsea de Abramovich. Mourinho dispuso de plenos poderes para confeccionar una plantilla a su gusto, así como de un talonario envidiable a cuenta de los petrodólares del magnate. La fórmula dio frutos de manera casi instantánea. Tan solo necesitó un año para desbancar a los dominantes Arsenal y Manchester United, que vieron como su particular pulso se veía relegado por los chicos de Stamford Bridge.

El renacido Chelsea disparó su fama mundial gracias a sus estrambóticos fichajes, a sus inmediatos e importantes triunfos y, como no podía ser de otra forma, a la lengua viperina de su entrenador. Mourinho protagonizó innumerables episodios con la prensa que bien merecen un reportaje aparte. Sin ningún pudor a la hora de auto-elogiarse, así como para contar con pelos y señales todo lo que pensaba, el portugués se convirtió en un icono mediático más cercano a un astro del balón que a sus compañeros de profesión.

En cierto modo, fue merecido gracias a sus logros. Todo el mundo conoce los títulos que ganó con el Chelsea, pero lo que quizás se desconoce es su sobrenatural récord de imbatibilidad. Mourinho no pierde como local en Champions desde 2006. Si ya de por sí es sorprendente, en Liga el dato es impactante: no cae derrotado en casa desde hace ocho años. Un seguro de vida para los seguidores que acuden al Giuseppe Meazza.

Su grado de exigencia y éxito llegó a tal punto que contagió, quizás demasiado, tanto a la directiva “blue” como a los propios aficionados. Solo así se explica su incomprensible destitución en 2007 después de una derrota y dos empates. Se dice y se comenta que la relación con Abramovich había tocado fondo meses atrás, por lo que al primer indicio de flaqueza el portugués caería despedido. Quizás sea el argumento más lógico.

Un año sabático lejos de la farándula del fútbol dio para cientos de rumores acerca de su futuro inmediato. Los periódicos se peleaban por adivinar su próximo destino, apareciendo en todas las quinielas de los equipos grandes. En cuanto Barça, Madrid, Inter o incluso Valencia sufrían una mala racha, el nombre de Mourinho aparecía de manera casi paralela. Finalmente, la historia italiana resultó cierta. “The Chosen One”, como lo apodó la prensa inglesa, volvía a los banquillos al frente del Inter de Milán hace apenas una temporada.

Tras pasearse por la Serie A en su primer año como “neroazzurro”, el Tito Mou busca volver a alzarse con una Champions League. La reciente victoria frente a su querido Chelsea posiciona al Inter como uno de los pocos favoritos para salir airoso de la Final de Madrid. Mientras, se acrecientan los cuchicheos que le apuntan como próximo entrenador del Real Madrid. Rumores que, inteligentemente o no, él mismo aviva mostrando públicamente su deseo de ser el primero en lograr la Premier, la liga italiana y la española. Tal vez, al igual que hace ya ocho campañas, cambie de equipo con una Copa de Europa recién conquistada. Al menos, a muchos se le hace la boca agua de solo pensar en las reacciones de Mourinho al frente de los blancos en un clásico.

Twitter: @NJSaez

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