Trituradores de mitos

La función de Raúl está tocando a su fin. No es ninguna noticia reciente, es algo asimilable desde que comenzó la temporada. Algunos dirán que desde que desapareció de manera fulminante de las convocatorias nacionales. La inmensa mayoría. Una corriente anti-raulista cuyas cifras han ido en aumento de manera progresiva. Desde los que simplemente le guardaban rencor por pertenecer al eterno rival hasta los que empezaron a verle con malos ojos por su inalterable titularidad. Tradición nacional.

“Spain is different”. El respeto a las grandes leyendas, a los grandes mitos, brilla por su ausencia. No es cuestión de hacer una oda o elegía a Raúl. Se trata de una costumbre muy dada en nuestra tierra, sea cual sea el futbolista. Los ejemplos son innumerables y fácilmente recurrentes. Los hay tanto en la tan citada Meseta de Guardiola como en su Cataluña natal.

Precisamente al “bueno” de Pep le desgastaron con saña en la ciudad condal. Los seis años sin títulos de la era Gaspart suscitaron mil y un cambios en el organigrama culé, además de apuntar a numerosos culpables. Entre ellos, el mítico centrocampista azulgrana, retirado antes de tiempo y acusado en su propia casa de rumores un tanto fuera de lugar. Acabó, con apenas 30 años (los mismos que tiene Xavi ahora), exiliado en el Brescia.

Dejando la costa catalana y adentrándonos por el levante es inevitable mencionar a Santi Cañizares. Sus últimas temporadas en Valencia fueron un calvario continuo de críticas. Muchas desaforadas y violentas. Cualquier fallo, por inevitable que resultase, era motivo de crucifixión. Es cierto que su edad era bastante avanzada y que empezaban a aflorar carencias en su juego. Pero no tantas como muchos querían hacer ver.

Pero quizás el más paralelamente parecido con el que sufre ahora el “siete” blanco fue el protagonizado, dichosa casualidad, por un gran amigo suyo. Hace ya siete años, Fernando Hierro fue objeto de una de las mayores campañas que se recuerdan en contra de un futbolista. Lo curioso es que, gente que alega los méritos y los logros de Raúl como argumentos a favor de su continuidad (véase Tomás Guash o Alfredo Relaño), olvidaban los del por entonces central madridista para enseñarse con su declive y su pérdida de velocidad. Había poco menos que extraditarlo del Bernabéu.

Así somos. Nos cansan rápido los héroes presentes y necesitamos savia nueva. Convertimos en estrellas a jóvenes que prometen el cielo y la Luna, y que la gran mayoría acaba pasando sin pena ni gloria (el futuro del Barça, Giovanni dos Santos, el “goleador” Portillo o el seguro e impenetrable Paco Pavón).

No se puede alargar la carrera de un futbolista hasta que sus piernas no respondan simultáneamente con su cabeza. Ni permitir que perjudique tanto su propio recuerdo como a su equipo por arrastrarse en el césped. Sin embargo, lo más importante, es respetar el palmarés y la carrera de aquellos que tantas tardes gloria aportaron al fútbol.

Twitter: @NJSaez

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