La suerte del campeón ([2]0-0[4])

Nos encontrábamos en la tercera semifinal consecutiva de una gran competición del fútbol mundial. No había nervios, y quizás fue eso lo que hizo que el partido estuviera falto de ritmo. No pasó prácticamente nada. Pasaron 120 minutos y el marcador fue inamovible. Después llegaron los fatídicos penaltis, ésos lanzamientos desde los once metros que en otra época nos eran siempre esquivos, hoy son nuestros mejores aliados.

Antes de llegar al estadio Donbass Arena, saltaba la primera sorpresa en el conjunto de Vicente del Bosque: jugaba Negredo. Por primera vez en esta Eurocopa, el delantero del Sevilla iba a debutar con ‘La Roja’, desde el principio. Arrancábamos la semifinal con un ‘9’, algo que se pide a gritos cada partido de la Selección.

Todos tranquilos, mucha calma en cada uno de los futbolistas españoles, incluso en la afición. El sentimiento de superioridad comienza a ser preocupante, al menos esa es la sensación que se tiene cuando se ve jugar a esta Selección. España es el mejor equipo de la Eurocopa (puede que del mundo), pero sigue jugando con la salud de la afición. Tocó sufrir, pero fue precioso.

Empezó el partido, y como en otras ocasiones, España empezó a un ritmo lento, cansino, aburrido que dicen algunos (en ocasiones hay que darles la razón). Portugal quiso aprovechar ese letargo español y presionó muy arriba, obligando a Piqué, Ramos y, en ocasiones, Casillas a sacar el balón con un pelotazo en largo.

Las ocasiones más claras de la primera mitad ocurrieron al filo de la media hora. Primero avisaba Iniesta, tras una buena jugada de Negredo que cazó un balón, la aguantó y una vez que llegaron sus compañeros, se la puso al manchego, para que su disparo se marchara lamiendo el travesaño. El primer ‘uy’ de España, el siguiente iba a ser para Portugal, porque Cristiano, con un tiro raso y ajustado al palo izquierdo de Casillas, iba a poner el miedo en el cuerpo a los españoles.

Los ‘Locos Bajitos’ no habían aparecido en la primera parte, tampoco Negredo había sido un peligro en ataque y, muy pronto, Del Bosque iba a prescindir de sus servicios para volver a jugar sin un delantero puro. Entró Cesc Fábregas, para controlar por completo el centro del campo y para terminar de cansar a los lusos, que todavía tenían fuerzas para seguir presionando la salida del balón de España. En ocasiones conseguían su objetivo, los lusos salían a la contra, llegaban con peligro, pero la defensa formada por Piqué-Ramos, una vez más, se mostró infranqueable, sobre todo el de Camas, inmenso todo el partido, pero el culmen aún estaba por llegar.

Cristiano Ronaldo asustó una vez más a Casillas, esta vez con dos faltas consecutivas, pero ninguna de ellas vio puerta. Entraron Jesús Navas y Pedro, por Silva y Xavi, aún así, España no veía luz en ataque. Los minutos pasaron, evidenciando lo que se hacía presagiar desde hace muchos minutos: la prórroga estaba servida.

Por fin llegaron los mejores minutos de España. A los portugueses les pesaban las botas, los nuestros se percataron y comenzaron a pensar más rápido, a jugar más fluido. Pedro y Navas fueron puñales, y las subidas de Jordi Alba (incansable durante todo el encuentro) eran un gran problema para Portugal. Fue en una de esas subidas cuando el lateral izquierdo le sirvió un balón a Iniesta, que empujó a las mallas, pero Rui Patricio se cruzó en la trayectoria de la que fue la ocasión más clara del partido.

Fue Ramos, con un gran lanzamiento de falta cercano al área, el que daría el último susto a los portugueses en esta primera mitad de la prórroga. El disparo del de Camas se iba a marchar ajustado a la escuadra derecha de Rui Patricio.

También la segunda mitad del tiempo extra tuvo color rojo. Primera Navas y luego Pedrito, estuvieron a punto de inclinar la balanza a favor de España. Se llegaba al minuto 120 de partido, el árbitro pitaba el final y todas las miradas (y esperanzas) de los españoles, se depositaban en el Santo, Iker Casillas.

Empezaba España a lanzar, así lo había decidido la suerte, e Iker, que fue quién eligió al ganar el sorteo. Iba nuestro mejor lanzador, Xabi Alonso. Su lanzamiento fue a la izquierda del portero, rasa, fuerte, y Rui Patricio paró. Turno para Cristiano, o eso parecía, porque CR7 no quiso iniciar la tanda de penaltis de su equipo, y lo hizo Moutinho. Misma suerte que la de Xabi Alonso. Casillas aparecía adivinando el lanzamiento de su rival y dejando las cosas igualadas.

Turno para Iniesta, desaparecido en el partido, pero que no falló en la tanda de penaltis y puso a España por delante. El segundo luso que asumió responsabilidad fue Pepe, que batió a Casillas. También lo hizo Nani, igualando el tanto de Piqué.

El siguiente de España era Ramos. En la mente de todos (incluida la suya) aquel penalti errado en la semifinal de la Champions, frente a Neuer. Tomó carrera, golpeó, y todas las críticas se silenciaron, tanto que se vieron obligados a darle el MVP del partido. Golazo a lo ‘Panenka’ y responsabilidad para Bruno Alves. Demasiado alto estaba el listón para el luso, quiso ajustar su lanzamiento a la escuadra, y ésta lo repelió.

Y ahí estaba Cesc, de nuevo en el quinto penalti, el decisivo, como hace cuatro años contra Italia. Fábregas no falló, poniéndonos en la final de Kiev y dejando a Cristiano Ronaldo sin lanzar su penalti, ese lanzamiento desde los once metros que le pudo dar la gloria, a él y a Portugal, pero que se la dio a España en las botas de Fábregas.

Hubo un tiempo en el que España sufría, arrastrando a su afición a ese malestar. Hoy, reímos y disfrutamos con los nuestros, ganamos y la suerte está de nuestro lado. España lucirá su estrella en otra final de la Eurocopa, puede que, otra vez, contra Alemania, tal vez toque enfrentarse de nuevo a Italia, da igual, los campeones somos nosotros. Son ellos los que tienen que preocuparse.

Twitter: @djm_9

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