¡A por otra final más!

El Atlético de Madrid se mete en la final de la Copa del Rey tras lograr un 2-2 en el Sánchez Pizjuán frente a un Sevilla revolucionario gracias al efecto Emery.

Otra final más para la memoria histórica del Atlético de Madrid. Y ya van seis en los últimos tres años. El conjunto del Manzanares vive una época dorada, que nada tiene que envidiar a sus mejores tiempos. No sería una novedad decir que este equipo recuerda (y mucho), al de aquel famoso doblete. Superada ya las tres cuartas partes del presente curso, el equipo entrenado por Diego Pablo Simeone se mantiene en esa estelar segunda posición liguera. Los objetivos de principio de temporada eran claros: ser el primer equipo de “la otra liga”, y lograr un título, a ser posible la copa. Y sin duda, el presente mejora evidentemente hasta el más optimista de los presagios.

Las premisas para el partido de vuelta en el feudo hispalense olían a trampa. El 2-1 cosechado en la ida del Vicente Calderón no era ni mucho menos un resultado ostentoso. Un simple 1-0 dejaba fuera de su deseada final al equipo colchonero. Por ello, la meta era clara: adelantarse pronto para no sufrir durante el choque. Lo que ni los más optimistas pensaban, era que el equipo llegaría a verse por delante del marcador con un comodísimo 0-2 sin comerlo ni beberlo. Y es que el partido tuvo un protagonista claro: Diego Costa. El brasileño vive un estado de forma inmenso. Es la pieza clave hoy por hoy del cuadro del Manzanares. Su intensidad en el terreno de juego es contagiosa para el resto de compañeros. La extensión del Cholo sobre el césped. Siempre está en constante lucha con los zagueros rivales. No les deja ni un solo segundo de relajación. En ocasiones es confundido con el mismísimo Usain Bolt en tres cuartos de campo. Posee una de las mejores arrancadas de la liga, y posiblemente de Europa. Fuerza muchas faltas, y desquicia a los rivales. Si no que se lo pregunten a Medel o a Kondogbia. Pero sobre todo, hace mejor al Tigre. Radamel Falcao multiplica sus registros cuando tiene a su lado un acompañante de estas características. Alguien que se lleve a los centrales, haga trabajo de desgaste, y le asista. En el Oporto fue Hulk. El año pasado, su pareja de baile era Adrián. Y esta temporada, la pantera rojiblanca está cumpliendo con creces esa misión. Por momentos, incluso parece disputarle el título de héroe de la afición.

Pero este Atlético no tiene más nombres propios. Gabi: el eterno capitán. Otro de los artífices de la bendita juventud que vive el equipo. El jefe del círculo central. Presión constante, intensidad arrolladora. Y sobre todo, su salida de balón. Eje de conexión en la transición defensa-ataque. La clave está en recibir y descargar rápido. Buscar ayudas en tres cuartos, abrir a banda. Retroceder cuando es necesario. El equipo se mueve al son de su capitán. Como debe ser.

Pero qué sería de este Atlético, sin su defensa. “¡Oh!, ¡bendita defensa!”. La menos goleada de la liga. Un Courtois inmenso, que aparece cuando más se le necesita. Por algo el club está dispuesto a hacer lo imposible por retenerle, que su mérito tiene con los tiempos que corren… Un Juanfran, dueño de la banda derecha, cada vez más defensor que extremo. Un Filipe, que no hace mucho se le pedía ser aquel que maravilló a Riazor, y actualmente es una versión aún mejorada de aquel futbolista. Sube la banda como quiere. Dribla, llega a línea de fondo, asite… Incluso se atreve a meterse entre centrales rivales. Pura maravilla técnica. Y sobre todo, el jefe de la retaguardia colchonera: Miranda. Llamado a ser uno de los grandes centrales del fútbol mundial futuro. La “canarinha” ya cuenta con él. Siempre perfecto al corte y en la salida de balón. Y sobre todo, hace mejor a su compañero. Bien sea Godín, el habitual, o Cata, el de anoche. No hay jugador más valioso que aquel que hace mejores a sus compañeros.

Así las cosas, el Atlético planea este sprin final de temporada bajo dos máximas: seguir sumando en liga para mantener a raya al Real Madrid, y por qué no, intentar dar caza al F.C. Barcelona, aprovechando esta etapa de crisis que vive; y hacerse con el título de S.M. Don Juan Carlos, frente al eterno rival, en un derbi irrepetible. Porque 13 años sin ganar, son muchos años. Y si la maldición se rompe en la final, sólo Dios sabe lo que ocurrirá en los corazones atléticos.

Twitter: @ivanglez93

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