Fuerza y lucha

El Valencia luchó por anotar los dos goles necesarios para salir victorioso del Parque de los Principes, sin embargo, Ancelotti consiguió limitar las posesiones del Valencia pese a perder opciones de contragolpe. Con el resultado siempre favorable, al Valencial e faltó intensidad en los últimos metros.

Ayer volvimos a caer, unos por primera vez, otros por tercera, la afición por enésima y Albelda por última. El capitán suponía el último resquicio de una etapa de peones gloriosos en la que el factor competitivo siempre era puntual, regular y estable. 

El seis de marzo de 2013, tras una bochornosa resistencia como local, el Valencia se plantó en el Parque de los Príncipes con el corazón en la mano. Valverde, precavido, decidió sentar a Guardado con el fin de limitar los desmarques de Lucas Moura. Lo logró, sin embargo, la escasa calidad del francés ofensivamente lastró al equipo.

Por la otra banda, se mascaba la tragedia cuando el discutidísimo Antonio Barragán sustituia a Pereira, que padecía molestias. Con esto, Valverde se quedaba con una zaga terrorífica: Cisshoko-Mathieu-Ruiz-Barragán. E increíblemente, cumplieron e incluso, compitieron. Jugaron como nunca y perdieron como siempre. 

Con dos interiores adelantados, custodiado por el Albelda más nostálgico, Ancelotti permitió a Parejo y Tino Costa posicionarse en campo rival, esperar un error para repetir la maniobra de Mestalla, sin embargo, estaban demasiado lejos. Tampoco importaba, teniendo en cuenta la fragilidad ofensiva che. 

Respecto al partido de ida, el Valencia confió en sus opciones partiendo de una mayor seguridad defensiva, sorprendente contando con las bajas de Ricardo Costa y Adil Rami. Lo logró y pagó su precio: una nula contribución ofensiva. El PSG, avalado por el talento defensivo de una zaga experimentada y de élite, logró neutralizar casi por completo a un Valencia necesitado. 

En la segunda mitad, Albelda se retira para siempre y entra Banega, bajo una presión fortísima. Ancelotti entendió que Parejo estaba superando a un fatigado Motta y reubicó a Chatome, sabiendo que Canales no iba a hacer acto de presencia. A partir de este momento, Banega y Parejo (en una posición contrometida) se veían obligados a driblar a su marcador si querían destascar el carril central.

Con unos centros lamentables de los laterales valencianistas y la dificultad de anotar, Jonas se atrevía a apoyar al Tino Costa en su costado, y logró marcar un derechazo tremendo. Sin embargo, esto fue agua de mayo. El resarcido Parejo perdió un balón y el PSG logró empatar de rechace por mediación de Lavezzi. 

Pese a la mejora de intensidad del último cuarto de hora, no fue suficiente, el Valencia, arropado más por casta que por calidad y experiencia fue limitado por la omnipresencia de un genial Matuidi y la falta de sangre fría.

Dicen que para morir hay que haber vivido. El Valencia, ahora, solo mira a San Mamés para luchar por volver.

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