Con la cabeza muy alta (2-0)

El Real Madrid se despidió de la final de Wembley tras ganar por 2-0 al Borussia Dortmund y quedándose a tan solo un gol de la gesta. El Madrid murió en la orilla y la afición se lo agradeció.

Las clarísimas ocasiones desperdiciadas en los primeros 15 minutos de partido por parte de Higuaín, Özil y Cristiano, fueron a la postre condenatorias. El equipo blanco salió con actitud, presionando con mucha intensidad y poniendo en apuros a la zaga del Dortmund. Sin embargo la suerte no se alió con los locales, que iban viendo como corría el reloj y la lata no se abría.

Poco a poco el Borussia Dortmund se fue desperezando y comenzó a combinar. No obstante su reacción se vio cortada por la temprana lesión de Götze, que tuvo que ser sustituido.

Los ánimos se iban calmando y el Bernabéu se fue apagando a medida que el cansancio se apoderaba de los jugadores madridistas. 0-0 al descanso, un resultado que no invitaba al optimismo.

En la reanudación se repitió la historia de la primera parte. El conjunto de Jose Mourinho salió muy  enchufado y consiguió amedrentar a los alemanes. Modric, en un partido de escándalo se hizo amo y señor del centro del campo, repartiendo balones e inyectando verticalidad en cada una de sus acciones.

El gol seguía resistiéndose, y a riesgo de que se acabara el empuje, Mourinho puso defensa de tres e introdujo a Kaká y a Benzemá en el campo.

El Madrid lo intentaba con más coraje que acierto. Cristiano estuvo errático toda la noche, fallando pases y controles que domina como ninguno. Su presencia ofensiva tampoco se hizo notar, y quedó eclipasada por las internadas tanto de Özil como de Di María.

Cuando la esperanza parecía perdida, y los aficionados del Dortmund gritaban más alto que los madridista, llegó la reacción.

Después de un robo de balón, Kaká abre a la derecha para Özil, que remonta línea de fondo y asiste a Benzemá para que batiera a placer a Weindenfeller. 

Inyección de moral para los blancos, los jugadores alemanes se hicieron pequeños y el Bernabéu se hizo enorme. Pronto llegó el segundo gol, el gol que dejó al Real Madrid con la miel en los labios.

En uno de los balones lanzados al área, el rechace del balón en la defensa fue a parar a Benzemá, que dejó a Sergio Ramos un balón al borde del área pequeña, que el defensa blanco no dudó en fusilar a la red.

Jürgen Klopp tiró de artimañas, lesiones y cambios para perder el máximo tiempo posible y frenar el ímpetu local, y de cierto modo lo logró.

Se intentó hasta el final, a base de colgar balones sin sentido al área, pero fue en un corner cuando Sergio Ramos estuvo de nuevo a punto de marcar el gol de la remontada. Un gol para la historia que nunca llegó. El sueño de la décima se escapó una vez más.

4-3 final en la eliminatoria, favorable a un Borussia Dortmund que en el global ha sido justo vencedor, pero que se ha enfrentado a un digno rival que se ha despedido de esta Champions con la cabeza muy alta.

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