Mourinho y Guardiola, derrotados por sus jugadores

Quién le iba a decir a ‘The Special One’ que su ciclo en el Real Madrid iba a concluir igual que el de Pep Guardiola en el Barcelona. Sin la potestad suficiente para llevar a cabo la reestructuración que creen necesaria. Los títulos dieron la espalda al de Sampedor como se la han dado ahora al de Setúbal. Carretera y manta.

Así de caprichoso es el fútbol. O el destino. O la concha de la Lora, que diría Higuaín. Los dos grandes gurús de nuestra época, los Magneto y Charles Xavier del balompié, abandonan Barça y Madrid en circunstancias prácticamente idénticas.

Sólo ha fallado el tiempo, ese que dicen que pone a cada uno en su sitio. Primero se cobró su particular venganza con Guardiola, ahora lo hace con Mourinho. Hace exactamente un año, ‘el Pep’ anunciaba que ponía fin a su etapa en Barcelona. En su haber, tres Ligas, dos Champions, dos Copas y otros tantos trofeos de mírame y no me toques.

El próximo entrenador del Bayern (que ya tiene guasa) se marchó de su casa sabedor de que los problemas que había tratado de erradicar no tenían solución. Tras cuatro años plagados de éxitos y jauja, Guardiola vio como ciertos pesos pesados descuidaban ligeramente su figura y se dejaban ir. Alves, Piqué, Cesc

Pep, obsesionado perfeccionista, trató de hacerles entrar en razón como hizo Mourinho con Ramos y Casillas. ‘Banquillazo’ y ‘p’alante’. Pero no funcionó. De hecho, hasta Messi empezó a sentir cierto rechazo por Guardiola tras estas decisiones.

Así las cosas, el técnico culé supo que solo había dos soluciones, dos caminos a seguir. O se iban los señalados, o se marchaba él. Como bien cuenta Guillem Balagué en su biografía, Pep llegó incluso a pedirle consejo a Ferguson. “¿Ellos o yo?”, preguntaba dubitativo Guardiola. “Ellos”, le respondió Sir Alex.

No fue así. Guardiola se vio sin fuerzas para acometer tal regeneración. Eliminado en Champions sin ideas, ante un Chelsea que sacó a la luz todas las carencias ofensivas azulgranas, y con la Liga perdida en el Camp Nou ante el Real Madrid de Mourinho; el de Sampedor entendió que no podía pedir peras al olmo.

Doce meses más tarde, el mismo escenario se planta en Madrid. El descontrol del vestuario blanco ha sido la comidilla desde allá por septiembre. El reflejo más claro ha sido la Liga, desesperante para el aficionado blanco. La Champions parecía ser el único bálsamo posible, la consolidación del técnico portugués, pero no ha sido así. Al final, como mucho, Cibeles verá una Copa del Rey. Lo mismo que vio Canaletas hace un año.

Casillas acaba de confirmar que seguirá en el Real Madrid “pase lo que pase”. No es tonto. Ni muchísimo menos. Sabe perfectamente que a su entrenador hasta ahora, José Mourinho, le faltan las fuerzas y el aval de los títulos para pedir su marcha. También sabe que, salvo sorpresa mayúscula, al de Setúbal no le queda otra que coger los bártulos y poner rumbo a otras tierras. Una vez más, los jugadores han ganado la partida a su supuesto jefe. Que se lo digan a Brian Clough

Twitter: @NJSaez

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