Nueva Zelanda ya descansa sola en el Olimpo (34-17)

CRÓNICA y VÍDEO. Nueva Zelanda certifica que es el mejor conjunto de rugby de la historia tras imponerse a Australia en el Mundial de Inglaterra (34-17). Con esta, ya van tres Copas Webb Ellis para las vitrinas de los All Blacks; nadie tiene más que ellos, y se logró, además de con un precioso juego de ataque, con un Daniel Carter infalible con su pierna izquierda.

Ambiente de final en Twickenham. El estadio, a rebosar. Un espectáculo previo acorde con la elegancia inglesa, y sobre el campo, las dos mejores selecciones de rugby del momento. Tras los himnos, Nueva Zelanda bailó una de sus hakas más agresivas, preparando a Australia para lo que iba a ser esta batalla.

El oval era dominado por los All Blacks. Estos presionaban a los Wallabies en su campo gracias a un fiable juego de manos. Tantos minutos de posesión iba mermando la concentración de sus rivales, que irremediablemente terminaban cometiendo faltas, algo que se paga caro cuando es Daniel Carter el que patea los golpes de castigo. En la primera mitad se marcó un tres de tres que esterilizó la transformación de Foley en el minuto 14, cuando la cosa iba 3-3.

Además, Nueva Zelanda cerró la primera mitad con un merecido ensayo. Se plantaron casi en la línea de cinco de Australia, y abriendo el oval a la tres cuartos, el balón consiguió llegar a Milner-Skudder, el ala, que casi sin oposición, plantaba la bola para sumar cinco puntos que terminaron siendo siete porque Carter seguía infalible.

El descanso parecía que iba a ser una oportunidad para que los Wallabies cambiaran el plan y empezaran a robar el balón a los neozelandeses. Sin embargo, Ma’a Nonu logró recibir con ventaja y marcándose una diagonal, se cruzó medio campo para hacer el segundo ensayo de los All Blacks. 21-3 porque esta vez el apertura no transformó la patada.

Si el parón no animó a Australia, sí lo hizo este ensayo. Los canguros se pusieron en posición de pelea y decidieron, por fin, robarle la pelota a una Nueva Zelanda en estado de gracia -hasta les dominaban en las melés cuando se suponía que ese iba a ser su punto débil-. Sus tres cuartos por primera vez en el partido entraban en juego y en una que lograron huecos, explotaron la velocidad que tienen para acercarse a la línea de ensayo neozelandesa.

Para frenar esa ofensiva los All Blacks defendieron con el alma olvidándose del reglamento, por lo que Ben Smith recibió una amarilla que le dejó diez minutos fuera. El golpe lo lanzaron a touch y, a cinco metros de la zona de ensayo, Pocock se hizo con el oval, y empujado por un mol, consiguió ensayar y sembrar el caos en el  estadio de Twickenham.

La superioridad numérica y posterior transformación de Foley dio alas a Australia. 21-10 y media hora de encuentro era más que suficiente para lograr la heroica. Se acercaron, puesto que volvieron a ensayar después de una gran jugada. Todo comenzó con una patada cuyo bote permitió a Foley hacerse con el oval y asistir a un Kuridrani que entraba arrasando. Cinco más dos, puesto que el apertura no fallaba su golpeo y a cuatro puntos que se pusieron de Nueva Zelanda.

Para su desgracia, Dan Carter, desaparecido por las embestidas de los Wallabies, volvía a hacer acto de presencia. Esto se debió a que Nueva Zelanda recuperaba la posesión. Smith, el medio de melé, puso el oval en sus manos, que en vez buscar un pase, lanzaron el balón precisa zurda para ampliar la distancia a siete puntos. Y luego, a diez.

Quedaban cinco minutos para que terminara el encuentro. Australia comete falta en la melé y desde 48 metros, el apertura encajaba el balón entre los palos. Un 27-17 que a falta de tan poco tiempo, dejaba a los canguros con tan poco tiempo de reacción que su embestida terminó solo sirvió para que los All Blacks se alejaran más en el marcador. Barnet corría más que nadie y se hacía con el balón que patearon los suyos para ensayar.

Cinco más dos, Carter no fallaba, sellaba el partido y convertía a Nueva Zelanda, por si había dudas, en la mejor selección de la historia del rugby. Tres Mundiales, más que nadie en la historia, y un cartel de conjunto imparable que nadie podrá borrar hasta dentro de muchos años.

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