Odom: “Tengo una adicción, siempre la tendré, nunca se irá”

Lamar Odom relató en The Players Tribune su adicción a la cocaína, la cual estuvo a punto de acabar con su vida a finales de 2015, cuando fue encontrado inconsciente en un motel y pasó varios días en coma. La muerte de su abuela y de su hijo de seis meses le hicieron perder el control con 25 años. "Mis hijos es lo único que me hace seguir", confiesa.

Esta es la traducción de la carta, publicada en inglés en The Players Tribune:

"Cuando me desperté en la habitación del hospital en Nevada, no podía moverme. No podía hablar. Estaba atrapado dentro de mi propio cuerpo. Me dolía la garganta una barbaridad. Miré hacia abajo y tenía todos esos tubos que salían de mi boca. Así que entré en pánico.

Comencé a intentar quitármelos, pero no pude porque mis manos estaban muy débiles. Las enfermeras entraron corriendo a detenerme. ¿Alguna vez has tenido un sueño realmente malo, donde estás tratando de huir de un monstruo o alguna mierda, y simplemente no puedes correr? Tus piernas no funcionan como deberían y el monstruo viene justo detrás de ti, como si estuvieras en cámara lenta. Eso es lo que se sentía.

Estaba tendido allí, mirando al techo, y los médicos seguían entrando y de pie sobre mí, hablando. Se iban. Volvían. Se iban de nuevo, volvían de nuevo. O tal vez estaba entrando y saliendo del sueño.

Mi ex mujer estaba allí en la habitación conmigo. Después de toda la mierda que había hecho, me sorprendió verla. Honestamente, ahí es cuando supe que probablemente estaba en mal estado.

El doctor vino y me dijo lo que había pasado. "Señor Odom, ha estado en coma cuatro días. ¿Lo entiende?"

No podía hablar. Así que simplemente asentí.

Me dijo: "Es un milagro que estés aquí. No pensábamos que fueras a conseguirlo".

Estaba en un estado de shock total. No podía decir ninguna mierda inteligente. No podía hacer preguntas. Era la primera vez en mi vida que me sentía impotente. Sentí que medía unos centímetros de altura. Era solo… era real.

En ese momento de mi vida, me metía coca todos los días. Casi cada segundo de tiempo libre que tenía, estaba metiéndome coca. No podía controlarlo.

No quería controlarlo.

Recuerdo estar sentado en la cama, y por primera vez en mi vida no podía hablar. Me quedé atrapado todo el día en mis propios pensamientos. Seguía pensando en algo que mi abuela solía decirme cuando era niño.

Podía ver su cara, como si estuviera allí en la habitación.

"Lo que se hace en la oscuridad", decía, "saldrá a la luz".

Pienso en toda la gran mierda con la que intenté escaparme. Todas las veces que lo hice mal. Todas las cosas que traté de ocultar. Si no está en la vista públicamente, está a la vista de Dios.

Estaba acostado en esa cama, enganchado a todas estas máquinas, la gente a mi alrededor llorando, y ya no había más escapatoria. Era como si Dios me dijese: "Sea lo que sea lo que estés haciendo, tienes que parar. O va a ir a peor".

Solo hay una cosa peor que esta.

Rick James lo dijo lo mejor posible.

"La cocaína es una droga terrorífica"

Es una droga terrorífica.

Te lleva a hacer cosas que nunca hubieras imaginado hacer. Te convierte en una persona diferente. Te mete en situaciones que dices: "¿Cómo cojones he llegado aquí?".

Cuando estaba en la cama del hospital, me hacía continuamente esa pregunta. Y no paraba de pensar en la gente de mi vida que ya no está. Sobre todo, en mi madre. Mi padre no estaba casi nunca conmigo cuando era niño, la verdad. Tenía sus propios problemas con su adicción. Pero mi madre era mi mejor amiga. Era muy cariñosa. La primera memoria que tengo es el sonido de su voz. Tenía unos ojos grandes y una voz suave.

Si estuviéramos en una fiesta familiar todo el mundo me preguntaría: "Lamar, ¿dónde está tu madre? ¿Dónde está Cathy?".

Era el centro del universo en Jamaica, Queens.

Recuerdo cuando empecé a jugar a fútbol americano, era grande de cojones. Podía cuidar de mí mismo. Pero me golpearon en una jugada y me quedé en el suelo por seis o siete segundos, y justo cuando iba a levantarme, escuché la voz de mi madre. Ella venía corriendo desde la otra punta del campo, gritando: "¡Dime algo cariño!".

Cuando se me acercó, le dije: "Mamá, ¿qué haces? ¿Estás loca?".

Quiero decir, esto es Nueva York. Todo el mundo me está mirando. Venga hombre…

Mi madre me dijo: "¿Estás bien? ¿Qué te duele?".

Le dije: "Mamá, estoy bien, ¡vete de aquí!".

Ella decía: "Vale, vale, ¡me voy! Solo quería asegurarme de que estás bien".

Y se fue fuera del campo como si nada. Esa era mi madre. Siempre cuidaba mi espalda.

Cuando tenía 12 años, se puso enferma. Sabía que tenía cáncer de colon, pero no quería saber lo duro que era. Ella tampoco me lo decía para protegerme. Recuerdo que fue a un hospital un tiempo, y cuando iba a verla, notaba como si se estuviera haciendo… pequeña. Como si estuviera desapareciendo, ¿sabes a lo que me refiero?

Un día, cuando mi abuela me llevaba al hospital, me dijo: "Sabes, tu madre va a fallecer pronto. Solo quiero que estés preparado".

El día que se fue, recuerdo verla, recuerdo cómo el cáncer había afectado a su cuerpo. Si pudiera volver al pasado y estar en esa habitación, quizás ni reconocería quién era. Su cara era pequeña y sangraba por la boca. Y ella solo decía mi nombre…

Solo me senté a su lado, y una de las últimas cosas que me dijo la recuerdo cada día.

"Pórtate bien con todo el mundo".

No creo que nadie esté preparado para perder a su madre con 12 años. Te deja marcado. Me da igual lo fuerte que seas.

La única razón por la que pude superarlo fue por mi abuela y por el baloncesto. Esas dos cosas me protegieron. El día que mi madre murió, fui directo a jugar al parque. Era todo lo que quería. Era mi válvula de escape.

Recuerdo que empezó a saberse por el barrio lo de mi madre, y la gente empezó a aparecer en la pista. Cada vez más gente. Pasado un rato, todo el barrio estaba allí conmigo.

Tuve el sentimiento de que todo iba a salir bien. Tu abuela está contigo. Tu barrio está contigo. Dios está contigo.

Así que adelante. Supéralo. Sigue hasta que te pongan tu traje y le des la mano a ese viejo.

Solía tener esa visión en mi cabeza, cuando tenía 10 años. Podía ver a David Stern llamándome, diciendo a qué equipo iba a ir, y yo dando besos a mi familia. Podía verlo.

Puedes pensar que siendo un niño de Nueva York, donde había drogas en todos los sitios, mis problemas comenzaron hace mucho tiempo. O que comenzaron cuando me ficharon Los Ángeles. Pero no fue así. Nunca quise probar nada más fuerte que la marihuana. Definitivamente nunca probé la cocaína.

No lo intenté hasta que tenía 24 años, cuando estaba de vacaciones de verano en Miami. Y… Ojalá pudiera decir que había una razón para ello. No la había. Fue sólo una decisión que tomé. Si supiera que iba a afectar mi vida de la manera en que lo hizo, nunca habría pensado en ello. Nunca. Pero lo hice. Resultó ser una decisión que me cambió la vida.

En esa época, mi abuela murió. Perdí muchos miembros de mi familia en un corto periodo de tiempo. Cuando me metía coca, me sentía bien por un minuto. Dejé de tener tanta ansiedad. No pensaba en el dolor. No pensaba en la muerte. Así que cada vez lo hacía más y más, pero aún tenía control. No era algo que hiciera todo el día.

Entonces, dos años más tarde, recibí una llamada que cambió mi vida. Era el verano de 2006. Había estado de fiesta toda la noche y no había vuelto a casa.

Mi hijo Jayden tenía seis meses. Estaba en casa. Debía haber estado allí con él. Pero estaba fuera, haciendo lo que fuera.

Temprano, recibí una llamada de su madre. Estaba desesperada. Yo le dije: "Cálmate, ¿qué ocurre?".

Y me dijo: "Jayden… no se despierta".

"¿No se despierta?".

Ella dijo: "Sí, la ambulancia está aquí. Se lo llevan ahora".

Estaba en Manhattan. Tenía que conducir hasta Long Island. Cuando llegué al hospital, los doctores me dijeron que "no respondía".

Me dijeron: "Se ha ido".

Respondí: "¿Ido? ¿De qué habláis? Acabo de verlo. ¿Ido?"

Tío, mi hijo estaba vivo. Realmente vivo. Allá donde iba, él estaba allí mirándome. Por supuesto, no podía hablar, pero se quedaba mirándome. Usaba mucho sus ojos, como diciéndome: "Eh, ¿qué pasa papá?".

Lo acababa de ver. ¿Ido? ¿Cómo coño eso es posible? ¿Cómo puede haberse ido?

Entré en la habitación del hospital, y el dolor en la cara de su madre… Nunca lo olvidaré. Cómo ella no podía creerlo.

Seis meses de edad. Se fue.

Tendría 11 años ahora.

Solía pensar en cómo sería si estuviera aquí. Realmente, aún lo pienso casi a diario.

Los doctores nos dijeron que lo que causó su muerte fue el síndrome de muerte súbita del lactante. Me sonaba a cuento. No había explicación. No había respuestas. Solamente… se fue. Tal que así. Y se supone que tienes que aceptarlo. Se supone que tienes que vivir con ello.

Creo que todo eso lo pagué con las drogas. Incluso inconscientemente. Ni siquiera sabes por qué lo estás haciendo en ese momento. Creo que subconscientemente, te conviertes en un adicto por culpa del trauma que estás viviendo.

Con la cocaína sobre todo, hay un subidón y después un bajón. Es como una montaña rusa. Te vienes arriba, luego bajas. Arriba, abajo, arriba, abajo. Cuando lo haces, sientes vergüenza. Piensas en todas las razones por las que no deberías hacerlo. Y entonces vuelves a hacerlo.

Eso es lo que la gente no entiende. Cualquiera que tenga una vida complicada, afectada por las drogas, como la que yo tuve, conoce el ciclo. Como ponerle los cuernos a mi mujer, mierdas así. Noches que pasaba sin dormir. Noches que pasaba esnifando cocaína. Muchas noches. Tu corazón late rápido. Estás en la montaña rusa.

¿Crees que no sentía vergüenza? ¿Crees que no veía lo que estaba haciendo?

No, no estaba ciego. Vergüenza… dolor. Es parte de todo el ciclo. Mi cerebro estaba roto. A medida que pasaban los años, y llegué a la treintena, mi carrera estaba cayendo, y las cosas se fueron de control.

Cuando tenía como 32, 33… Yo sólo quería colocarme todo el tiempo. Eso es todo, solo colocarme. Y las cosas se oscurecieron como el infierno.

Uno de los lugares más oscuros en los que he estado fue en la habitación de un motel, colocándome con una chica, y mi mujer de entonces entró. Ahí toqué fondo.

Lo primero, estaba en un motel.

Un motel.

Soy millonario. Salí de Jamaica, Queens, y gané dos anillos de la NBA. Y estoy en un motel, con gente desconocida, metiéndome coca. Solo quería colocarme con esta chica, no tenía otro sitio al que ir. No podía llevarla a casa, claro. Estaba siendo una basura. Sin excusas. Sin tonterías. Esa es la verdad.

Mi polla y mi adicción me llevaron por caminos que jamás habría querido cruzar. Muchos grandes hombres acaban siendo tontos. Probablemente muchos chicos jóvenes escuchan mi historia y piensan que nunca podría sucederles. Que son intocables. 

Tío… Nadie es intocable. Nadie en esta vida es inmune al dolor.

Es una locura, porque mi tío Mike trabajaba en una prisión en Riker's Island. Era un hijo de puta duro. Era ese tío que se levantaba la camiseta en el instituto y decía: "¿Te crees muy duro? Venga. Dame tu mejor golpe. Lo más fuerte que puedas".

Boom. Le daba con todas mis fuerzas, y ni siquiera se inmutaba.

Solían tener una noche familiar para todos los trabajadores de Riker's una vez al mes, y él me solía llevar allí. Siempre me interesaron los presos, porque había algunos genios, de verdad. Mi tío me llevaba a la habitación donde guardan todas las armas confiscadas que los presos habían hecho. Si les dabas un cepillo de dientes, buscaban la manera de convertirlo en un arma. Cogían piezas del baño o del despertador y los convertían en un pincho.

Recuerdo que cuando veía estas cosas pensaba: Estos tíos son listos de pelotas. Algunos podrían ser ingenieros. ¿Cómo demonios han acabado aquí?

Me dije a mí mismo que nunca iría a prisión. Que nunca la liaría tanto.

¿Pero sabes qué? La vida es mucho más difícil de lo que crees que va a ser.

Cuando eres un adicto, nada te afecta. Nunca pensé que fuera a morir. Nunca pensé que entraría en coma. Nunca pensé que tenía un problema. Entonces me desperté en una cama con tubos saliendo de mi boca – y era real.

Los médicos me dijeron que, justo antes de despertarme del coma, mis hijos habían venido a verme. Y eso me rompió el corazón, porque había visto a mi propio padre en su lecho de muerte, con tubos que salían de su boca.

Mis hijos es lo único que me hace seguir. He sido siempre un tipo duro toda mi vida, así que cuando mis hijos me ven en un momento débil, es muy duro para mí – incluso para hablar de ello ahora.

Mi hijo, Lamar Jr, tiene 16. Es tímido y ama el baloncesto. Es como mi reencarnación. Solo que es una versión más guapa.

Mi hija, Destiny, tiene 18. Es preciosa y lista. Y no deja pasar ni una mierda. Cuando pude hablar de nuevo con ella, me dijo claramente: "Papá, necesito que pidas ayuda o no te voy a volver a hablar jamás".

Así que fui a rehabilitación, y allí entiendes todo. Siempre he sido una persona ansiosa. Siempre he sido un agonías, pero estoy aprendiendo a soltar todo. O al menos, lo intento.

Mis hijos incluso vinieron a algunas sesiones de terapia conmigo. Y fue realmente importante, porque ellos pudieron soltarse y contarme que mi adicción también les había afectado.

Tras una de las sesiones, mi hija me dijo: "Esto está bien, pero no te quiero ver aquí nunca más".

Estoy sobrio ahora. Pero es una lucha diaria. Tengo una adicción. Siempre tendré una adicción. Nunca se irá. Quiero decir, quiero colocarme ahora. Pero sé que no puedo hacerlo si quiero estar aquí para mis hijos.

Es una locura… cuando estaba en el hospital, y ni siquiera podía caminar, toda esa gente vino a verme y no les vi ni un minuto. Todos estos antiguos compañeros de equipo vinieron. Kobe vino. Tengo mensajes de todos estos chicos, me decían: "Maldito perro, las noticias decían que estabas muerto. Estoy feliz de que sigas aquí".

Me recordó algo a quién era, y lo que he significado para algunas personas.

Me di la mano con la muerte. ¿Pero sabes qué? No voy a volver a eso. Aunque mi funeral probablemente sería uno bueno, y probablemente habría un montón de gente que no se ha visto en mucho tiempo. Pero no es tiempo para eso todavía.

Todavía tengo a mis hijos. Todavía estoy aquí. Y maldita sea, todavía soy muy guapo.

He pasado por tantas cosas que ahora solo quiero ese pequeño espacio en el mundo… ese pequeño espacio… donde no tengo que preocuparme.

Cada mañana, cuando me despierto, miro las mismas imágenes.

Las fotos de las personas que se han ido. Mi madre. Mi abuela. Mi hijo Jayden. Mi mejor amigo Jamie.

Y las de la gente que todavía está aquí. Mis dos preciosos hijos.

Sólo miro sus caras durante unos minutos, y es como un recordatorio de lo que se supone que es la vida. Me siento cómodo. Siento una energía. Siento amor. Esa mierda me hace pasar el día.

Es como tomar mis vitaminas".

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