El Real Madrid de Zidane arrasa el Camp Nou (1-3)

El Real Madrid se hace con media Supercopa tras golear al FC Barcelona en el Camp Nou. Los de Zidane, de verde por primera vez en la historia de un Clásico, se adelantaron gracias a un gol en propia puerta de Gerard Piqué. Messi empató de penalti y Cristiano, suplente, marcó el 1-2 antes de ser expulsado. Asensio hizo el 1-3 emulando al luso con un misil.

Pocas veces un resultado fue tan justo con la situación que viven ambos equipos. No tanto con el partido en sí, sino con el clima que les rodea en el día a día. El Barça atraviesa una depresión que desgasta su fútbol, impidiéndole lograr aquello que antaño parecía fácilmente asumible. No falta juego, o al menos, no falta tanto para ser goleado por el máximo rival. Falta alegría, falta convicción, falta alma. Los culés han perdido el aura de equipo dominador.

Un aura que disfruta el Real Madrid desde que lo entrena la personalidad futbolística más importante de la historia. Zinedine Zidane, el quinto grande, continúa su camino para ser el mejor técnico de todos los tiempos. Decir esto hace unos meses era una barbaridad propia de fanáticos trasnochados, con más cervezas que criterio futbolístico. Hoy, con seis títulos en 18 meses (casi siete), no es tan descabellado. Es bastante justo, de hecho. Solo Guardiola fue capaz de hacer algo parecido, y está a punto de ser superado.

En el Camp Nou, a un Real Madrid bético (por primera vez en la historia jugó de verde), todo le salió bien. Se mostró muy seguro y eficiente durante los primeros minutos, resistió algunas embestidas del Barcelona en el primer cuarto de hora y supo imponer su juego. En 20 minutos, Isco (fantástico una vez más de mediapunta por detrás de Bale y Benzema) asustó a los locales con un disparo dentro del área. Recibió en la izquierda, volvió loco a Aleix Vidal y le rompió por dentro para buscar el palo corto.

El único acercamiento con cierto peligro del Barça ni siquiera fue un acercamiento. Fue una falta desde 25 metros. Leo Messi, desaparecido como en todos los partidos importantes que juega desde hace dos años (por eso los Balones de Oro se los lleva otro), probó fortuna con un lanzamiento que se fue por encima del larguero. Y ya está. Agua.

A la media hora, Isco volvió a aparecer para ceder a Gareth Bale el que podía haber sido el 0-1. El malagueño volvió a percutir por la izquierda, pero esta vez vio cómo el galés iniciaba el vuelo hacia el área y le cedió el balón cerca del punto de penalti. El 11 encontró el hueco y fusiló a Ter Stegen, pero su disparo fue algo centrado y el alemán pudo despejar a córner con bastante entereza.

Tras el descanso, el President Piqué comenzó su show. Es curioso su caso. Es probablemente el tipo que más meteduras de pata realiza por segundo, y sin embargo, tiene toda una legión de seguidores. Llamativo el listón de estos últimos. Convertido en un meme viviente por todo el planeta fútbol gracias a su infame 'Se queda', su particular camino a la perdición continuó en el césped. Poco después de arrancar el segundo tiempo, marcó un golazo. El problema, que el asistente era Marcelo desde la banda izquierda y que la portería la defendía su portero.

Unos minutos más tarde, Benzema le invitaba a continuar su carrera desarrollando videojuegos. El francés, que en realidad tuvo una actuación discreta (por no decir mala), pudo recrearse humillando al central. Controló dentro del área, escondió el balón y mandó al suelo a Gerard tras varias bicicletas. Delicioso. Aquello acabó en una asistencia para Dani Carvajal que mereció ser el 0-2 únicamente por la maniobra del nueve, pero Jordi Alba estuvo sensacional y se teletransportó para sacar el balón de la línea.

El encuentro parecía romperse a favor del bando visitante, pero la entrada de Cristiano espoleó a los locales. Quizás temiendo que el luso oliera la sangre de un Barça herido, el conjunto de Valverde disfrutó de sus mejores minutos. Lo llamtivo es que, incluso así, con el Barça teniendo la posesión temporalmente y acercándose al marco del portero merengue, los blancos volvieron a marcar. Ronaldo recibió un balón al hueco y sorteó a Ter Stegen para hacer el 0-2. Nunca subió al marcador. El colegiado lo anuló por fuera de juego. Hasta entonces De Burgos Bengoetxea no había perdido los papeles, aunque sí habia mostrado demasiadas cartulinas, innecesarias para lo visto en el encuentro (a la altura de los últimos Clásicos, cordial y amistoso).

En el minuto 75, el árbitro reclamó su cuota de protagonismo. Primero, inventándose un penalti inexistente en el área visitante. Luis Suárez, que debería tener fama de piscinero entre los colegiados (como se la han ganado Cristiano o Higuaín en su día), volvió a salirse con la suya. Controló dentro del área, casi sin ángulo para marcar, y vio que Keylor Navas corría a taponarle. El delantero saltó por encima del tico e inició su particular parte de lesiones. Una voltereta por aquí, un grito desgarrador por allá… Incluso Sergio Ramos se acercó para tratar de levantarle, sabedor de que no había sucedido nada. El árbitro sí lo vio y Messi marcó.

La respuesta fue casi inmediata. Cristiano, con su quinto Balón de Oro en el horizonte, hizo el resto. Isco le dibujó un pase exquisito para que corriese hacia el área culé. Piqué trató de mantener el ritmo, logrando encararle en la frontal. El luso aceptó el retó, recortó al President con facilidad buscando la frontal y se sacó un latigazo marca de la casa. El patentado misil Ronaldo, a alta velocidad y con su particular caída en los metros finales. Reventó la escuadra del palo largo. Y para poner la guinda, camiseta al aire del Camp Nou, imitando la escena de Messi en el Santiago Bernabéu. La diferencia, que este gol sí sirve para algo.

Como suele ser habitual en los últimos Clásicos, los de Zidane acabaron con diez. Y le tocó al protagonista de todas las portadas, para que De Burgos Bengoetxea pueda ver su nombre inmaculado en numerosas crónicas y tertulias. "Yo expulsé al chulito del Madrid en un Barça-Madrid", podrá contar orgulloso el día de mañana. "Y porque me dio la gana", añadirá. La escena fue surrealista. Cristiano forcejeó con Umtiti para intentar cazar un balón en el área culé, el luso no aguantó el tipo y cayó. Una jugada limpia, impoluta. No hay penalti de ningún tipo, simplemente una caída tras un contacto completamente legal. El colegiado, sin embargo, entedió que el portugués intentó fingir y le mostró la segunda amarilla.

La cartulina, como dijo Ramos en zona mixta, se puede recurrir. Y salvo que la Federación, cuyo presidente ha estado en la cárcel provisionalmente por corrupción junto a otros directivos, quiera que existan más sospechas aún sobre su limpiaza, debería eliminar esa tarjeta. Lo que quizás sea inevitable es la sanción posterior a Cristiano por su empujón al colegiado. Tras ver la roja, el luso tocó al trencilla levemente. Una acción sin importancia, sino fuera porque la autoridad es sagrada. Eso no se puede hacer, y Ronaldo no tiene justificación. Aunque bien es cierto que eso jamás hubiera ocurrido si De Burgos Bengoetxea hubiera hecho bien su trabajo.

Lo grave para el Barça fue que, aún contra 10 rivales, pasó lo que también viene siendo habitual en el Camp Nou con Zidane de entrenador visitante, que perdió. Y no solo por 1-2, hubo tiempo para que Marco Asensio ampliase aún más su caché. Ya ha marcado en todas las competiciones en las que ha debutado. El mallorquín repitió exactamente el mismo modus operandi de Cristiano Ronaldo. Control en la esquina izquierda del área, humillación protocolaria al Tuitero y bombazo a la escuadra. Esta vez, tocó el primer palo. Ter Stegen, que estuvo sobresaliente durante el resto del partido, no pudo hacer nada. Lo mismo que el resto de sus compañeros. La escena es desoladora en Can Barça.

Twitter: @NJSaez

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