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Los Hispanos hacen historia en casa

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Se acabó el mundial. Más que nunca, nuestro mundial. Celebrado en casa y ganado por los Hispanos, el vigésimo tercer Campeonato del Mundo de Balonmano de la IHF debe suponer un punto de inflexión en el despegue de este deporte en nuestro país tras unos años de caída vertiginosa.

El mundial arrancaba con los favoritos de siempre. Por encima de todos los supercampeones de todo, Les experts franceses, aunque también teniendo en cuenta la renovada generación croata y nuestra última víctima, los daneses de Ulrik Wilbek. España arrancaba un paso por detrás de estas tres selecciones en todas las apuestas. Como últimamente, sin grandísimas estrellas en la primera línea, pero con un equipo donde el más suplente es capaz de suplir con garantías a cualquiera de los titulares. El hecho de jugar en casa podía suponer bien una presión añadida, bien un plus de confianza. A estas alturas creo que sobra decir lo que finalmente ha significado para los hombres de Valero Rivera ser los anfitriones.

Encuadrados en el grupo D con Croacia, Hungría, Argelia, Egipto y Australia, España optaba a las dos plazas de honor del grupo con el permiso de dos selecciones tan fuertes como la croata y la húngara, a la que la incorporación de Laszlo Nagy en los últimos tiempos ha aportado un salto de calidad notable. Superó España sin excesivas dificultades sus compromisos con las tres selecciones menores. Algunos problemas más tuvieron los Hispanos para doblegar a los húngaros y así se llegó al enfrentamiento final con Croacia.

Había que tener en cuenta que, según las matemáticas, el que quedara segundo de grupo se enfrentaría con Francia en cuartos de final, algo que nadie quería evidentemente. Pero este deporte, pese a lo previsible que parece en ocasiones, no es matemático, y Francia cayó ante Alemania cediendo la primera plaza de su grupo. De ese modo ahora lo que convenía era ser segundos, porque además de a Francia, se evitaba a Dinamarca en semifinales.

El partido con Croacia fue disputado hasta los últimos cinco minutos, entonces empezaron a suceder una serie de extraños sucesos. Varias exclusiones, pasos inexplicables y fallos garrafales dieron la impresión de que ninguno de los dos equipos tenía una intención clara de ganar el encuentro. Croacia hasta entonces había demostrado ser posiblemente la selección más fuerte del campeonato, implacables al contraataque con el velocísimo Ivan Cupic, con una primera línea temible con Lackovic (Bicanic le sustituyó cuando se lesionó), Duvnkaj, que hizo olvidar la no convocatoria del mago Ivano Balic y el zurdo del París Saint Germain, Marko Kopljar, y una defensa inexpugnable liderada por el jugador del Atlético de Madrid, Jakov Gojun. El caso es que los croatas se crecieron, se vieron superiores y aceptaron el reto de intentar eliminar tanto a Francia como a Croacia en su camino hacia el oro. Ganaron a España. Perdieron el mundial.

Mientras tanto España se deshacía de Serbia en octavos sin más problemas que una muy discutible tarjeta roja al jefe de nuestra defensa, Viran Morros, a los pocos minutos de empezar el encuentro y con Albert Rocas como principal baluarte ofensivo. Con más miedo nos enfrentamos al equipo alemán, que si bien no es la Alemania de hace unos años, estaba desplegando un Balonmano atractivo y eficaz que les valió para hacerse con la primera plaza de su grupo. Los Hispanos fueron demasiado para los germanos, Julen Aginagalde, Víctor Tomás y Alberto Entrerríos llevaron al equipo en volandas. Atrás Sterbik no tuvo el día pero el “Quillo” Sierra demostró que no se echaría de menos a José Javier Hombrados. Las semis fueron contra Eslovenia, la revelación del torneo, pero para entonces el rodillo ya estaba puesto en marcha y pese a que plantaron cara en la primera mitad, España también pasó por encima de los eslovenos.

Por el otro lado del grupo las cosas fueron menos sencillas. Dinamarca sí consiguió plantarse en semifinales con relativa facilidad, pero a esas semifinales sólo podía acudir uno de entre Croacia y Francia, cuyo partido de cuartos fue memorable. Puede ser, que dentro de algunos años recordemos este encuentro como el del relevo generacional. Nikola Karabatic, pasó el testigo a Domagoj Duvnjak. El joven central croata hizo un partido para el recuerdo. Él sólo doblegó a la dos veces campeona olímpica y campeona del mundo, jubiló a Dinart e hizo que Les experts sean historia de este deporte, probablemente el mejor equipo de todos los tiempos.

Pero 8 partidos en menos de dos semanas son demasiados y más si son de la exigencia de los compromisos que habían tenido en lidia los balcánicos y sin hacer apenas rotaciones en el grueso del equipo titular. Dinamarca pasó por encima de un equipo croata desgastadísimo y sin frescura. El premio para la valentía de los de Slavko Goluza fue el bronce (uno más), conseguido ante Eslovenia.

A estas alturas todos sabemos lo que pasó en la final, pero ninguno lo podía imaginar minutos antes de la misma. Valero sorprendió apostando de inicio por dos jugadores con los que no había contado en exceso en ataque, Cañellas en el centro del ataque y Antonio García en el lateral izquierdo. Y cumplieron, vaya que si cumplieron, y no sólo eso, también contagiaron al carismático Jorge Maqueda que se sumó a la fiesta. El equipo danés iba cayendo en la incredulidad a medida que la excelsa defensa española liderada por Gedeón Guardiola y Viran Morros anulaba sus infinitas bazas ofensivas, que iban menguando exponencialmente en la misma medida que aumentaba la efectividad hispana. Si nuestro debe hasta el momento habían sido los tantos de larga distancia, en la final ni eso se nos resistió. Las metimos de todos los colores, desde 9 metros, en contraataque, acabando circulaciones en el extremo y por supuesto colando balones a Julen Aginagalde

De 8 nos fuimos al descanso, parecía un sueño, pero el segundo acto fue aún mejor. Nuestro manchego ilustre, Arpad Sterbik, pareció ser durante muchos minutos un muro infranqueable para el ataque danés. Las caras de los de Wilbek eran un poema, no se lo creían, nosotros casi tampoco.

35:19 fue el resultado final. Campeones del Mundo, y en casa.

Ahora sólo queda que esta gesta sirva de empujón para un deporte que parecía casi condenado, cuya fuga de talentos es constante y al que cuesta encontrar equipos que tengan capacidad económica para militar en primera división.

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