Del amor al odio está José Mourinho

Cincuenta años, un metro y setenta y cuatro centímetros… No. Así no se puede empezar describiéndolo. Hay que comenzar por lo importante: Su mundo interior. Estudiando a José Mourinho, da la impresión de que en ese instante están pasando millones de cosas dentro de él. ¿Qué piensa? ¿Dice la verdad? ¿Para qué lo hace? ¿Por qué?

Tras unos cuantos años observándolo, lo único que deja claro es que en su ADN no existe la construcción “ser indiferente“. Amor u odio. Odio y amor. ¿Se puede amar y odiar a la vez? Tan opuestos y tan unidos como las dos formas en las que podemos describir a Mou.

Por un lado, un campeón de diecisiete torneos nacionales y tres internacionales. Sí, da vértigo. Y si los sumas, da veinte. Parece más vértigo y más de veinte cuando dices que entre ellos hay siete ligas en cuatro países diferentes, entre los que están las tres mejores del mundo, y dos Champions con equipos distintos. Perdón, he sumado mal. Veintiuno, arrebatar la liga al mejor Barcelona de la historia vale por dos.

Por otro lado, un entrenador que celebra los goles por el suelo o cabalgando a sus jugadores; que, literalmente, mete el dedo en el ojo; que espera en el parking al árbitro; que habla de conspiraciones

Falta una descripción. La que más respeto inspira. El único entrenador al que ha hecho llorar a uno de sus jugadores porque su míster se va a otro equipo. Y no era un niño alevín. Qué curioso fue ver llorar desconsoladamente al tipo duro/asesino Materazzi… ¿Hasta qué punto consiguió el aprecio de su jugador?

Esto último es la razón por la que parecía que Mou era la media naranja del Real Madrid. Que cumpliría, al menos, el ciclo de cinco años lleno de alegrías. Que su gestión de vestuario iba a ser impecable. Que sería el domador de fieras y que haría brillar con más intensidad a las estrellas. Sin embargo…

Los amantes de los proyectos largos, de conseguir al mejor y entregarle la confianza, ansiaban que el Real Madrid encontrara su entrenador con mayúsculas y le dejara dirigir un proyecto. Cuando hablo de dirigir, hablo de fichar, vender, ceder, subir promesas, bajar crecidos… ¿Quién mejor que el míster para saber lo que falta o sobra al equipo? Eso se hizo bien. Podíamos vaticinar que Mourinho iba a “dirigir” el R. Madrid porque a los ganadores no les cuesta ganarse la confianza. Mou y su capacidad para atraer a las personas tardaron poco en conseguir a Florentino.

Tras años de desestabilidad, de idas y venidas, de entrenadores de un año y otros de medio, es necesario un proyecto. Un plan. Es el camino del éxito en el futuro. Mejor dicho, la autovía. Para crecer. Una persona con años por delante para configurar un club equilibrado. Para acelerar o frenar el camino de los canteranos que llaman a la puerta. Para manejar a la perfección un sistema, una forma de jugar de memoeria. Una estrategia. Y el ciclo de Pep Guardiola en el F. C. Barcelona ha dado la razón a esta máxima. Y no, tampoco estoy hablando de algo como los siameses Manchester United y Sir Alex Ferguson. Eso es inimitable. Pues a Mou se le dio todo. ¿Que te molesta Jorge Valdano? Pues fuera. Ahora bien, ¿él cómo se ha portado?

En primer lugar, se esperaba una mejor gestión de vestuario. Bueno, una gestión de vestuario impecable. ¿Expectativas demasiado altas? No lo creo: José Mourinho; el domador de fieras; el querido por todos sus jugadores, aficiones, presidentes, directores deportivos y jardineros de los clubes donde ha dejado huella; el que consiguió domestigar al loco Balotelli y simplificar en goles al complicado Zlatan Ibrahimovic.

La gestión del vestuario ha de ir en primer lugar porque es su mayor virtud, la motivación. Tener a sus futbolistas enchufados con una meta, unidos. Estrellas girando en torno a él. Ni que decir tiene que no se esperaba un capítulo como el de Sergio Ramos jugando con la camiseta de Özil debajo de la suya para reivindicar a su amigo alemán, para desafiar a Mou, para ponerlo en evidencia.

En un vestuario, a los primeros que tienes que garnarte es a los peces gordos, a los capitanes. A Casillas y Ramos. Por mucho que lo quieran maquillar con sus declaraciones públicas, no existe aprecio personal entre el de Camas de Mou. Al menos, seguro que el S. Ramos no llorará como Materazzi cuando se vaya… Aunque de rumores no vive el periodismo, el diario Marca ha llegado a afirmar que Íker y Ramos han comunicado a Florentino Pérez que sólo seguirán la próxima temporada si Mou se va. Claro está que hablo de “feeling personal”, porque en lo deportivo Ramos es el indiscutible de Mou. Que Varane me obliga a ponerlo de titular, pues fuera Pepe. Aunque comparta representante y aunque sí tengamos ese feeling personal, el imprescindible es Sergio Ramos.

En segundo lugar, no se puede aceptar la contradicción. Porque todo lo que se ha hablado, escrito y gritado sobre la suplencia de Casillas se resume en una palabra: Contradicción. Decir que Íker es suplente porque Adán está mejor y cuando Casillas se lesiona fichar a otro portero es eso, una contradicción como una catedral. Es cierto que quizá nos mienta, que el motivo sea otro. Pero él se debe a la afición, a los madridistas, a los incondicionales que cada partido se quedan afónicos con ese de “José Mourinho, José Mourinho”, y lo que les ha transmitido es que se ha contradicho.

En lo que a esta polémica se refiere, tuve la oportunidad de consultar a Gregorio Manzano en una conferencia a la que asistía. Y su respuesta fue esta: “En ocasiones, estos jugadores necesitan un toque de atención para no bajar la guardia ante la indiscutible titularidad que siguen. Si Mourinho sentó a Íker, sería porque necesitaba ponerse las pilas.” Y, reitero, si el motivo era otro, como por ejemplo demostrarle a Íker que manda él o castigarle por algún problema interno, le ha fallado a la afición “contradiciéndose”, aunque sea de cara a las ruedas de prensa.

En tercer lugar y hablando de las ruedas de prensa, ya dijo Pep Guardiola que en ellas “José Mourinho es el puto amo”. Y así es. O así era… Siempre se ha valorado la protección que Mou ejerce sobre sus jugadores, como si fueran sus hijos.

Tras un partido malo de los suyos, se admiraba que saliera a la rueda de prensa dispuesto a captar toda la atención, titulares y comentarios para proteger a sus “hijos”. Para que no se hable mal de ellos y las críticas apunten a él. Sin embargo, algunos comportamientos en el Real Madrid han despistado: “No tengo equipo, mis jugadores no tienen actitud, concentración ni disponibilidad para luchar”. ¿Qué hace? ¿Por qué pone a sus “hijos” en el punto de mira de todos los dardos? Y más importante aún, ¿por qué los pone en evidencia ante su afición? Descoloca. Tira por los suelos la armadura que siempre había puesto a los suyos. Y rompe en pedacitos la imagen de protector que los años habían construído de él.

Si la responsabilidad, llamémosle culpa, es de sus jugadores, como en la gran mayoría de los casos, tiene que ser duro con ellos, pero de puertas para dentro. Hablar con los capitanes, el preparador físico, el segundo entrenador, el director deportivo y hasta el presidente para amenazar con cortar algunas cabezas; pero hacia el mundo no se puede decir que “no tiene equipo”. Existen otras formas. Se puede decir que hemos hecho un mal partido, que nos ha faltado luchar más… Otras palabras, otro tono. Esto fue uno de los golpes que empezó a agrietar su relación con Sergio Ramos y Casillas.

A pesar de todo, hay algo que, quizás, sólo “The Special One” lo podía haber conseguido. Cuando parecía imposible parar al F. C. Barcelona mientras enamoraba a la historia, el Real Madrid le arrebató una liga, una Copa del Rey y una Supercopa. Pero hablemos de sensaciones, que son al fin y al cabo quienes nos guían. Tanto si eres culé, madridista o sevillista coincidirás en que has visto derbis donde Mou ha conseguido transmitir sensaciones de superioridad. De comerse al Pep Team. Eso que tanto ansiaban los madridistas y tan utópico veían. Si algo se ha de admirar de Mou es su capacidad motivadora. O si no, ¿cómo se puede ganar una Champions con el FC Oporto si no es, perdonadme la palabra, por cojones? Los derbis han sido la mayor manifestación de esa motivación desmesurada. ¿Nunca habéis estado viendo un clásico y habéis pensado que si el R. Madrid tuviera esa intensidad en la mayoría de los partidos sería imparable? La presión asfixiante tras pérdida de balón que saca de sus jugadores cada clásico ahoga hasta al espectador culé.

Muchas son las estadísticas conseguidas por Mou que, en sólo tres años, le meten en la historia del Real Madrid. Pero más que de números, sigamos hablando de sensaciones: Ha sacado al mejor Cristiano Ronaldo; ha acabado con la pesadilla a balón parado; ha acercado con los cambios en los momentos decisivos, como en la última eliminatoria ante el Manchester United; ha parido a Varane, el próximo central leyenda, si las cosas se hacen bien, de la historia blanca; ha encadenado tres semifinales consecutivas en Champions, sólo conseguido antes por unos pocos en el Real Madrid y ha roto la racha de siete años consecutivos sin superar octavos. Ah, y lo más importante, ha logrado que el madridismo se sienta superior al F. C. Barcelona, aunque sea por momentos.

“Antónimos” que van inevitablemente de la mano: Amor y odio, Real Madrid y F. C. Barcelona… ¿Guardiola y Mourinho? Así es. Ha resultado inevitable nombrarlo de forma ligada a Mou. No se puede escribir un reportaje sobre José Mourinho sin compararlo con Pep. Así que ahí va: Pep ha gestionado mejor el F. C. Barcelona que Mourinho el Real Madrid. Le ha ganado ese pulso. Pero Mourinho ha sido el mejor con cuatro equipos diferentes y en las tres mejores ligas del mundo. Eso Pep Guardiola no lo ha demostrado. Sin embargo, lo ha hecho sólo con un equipo, pero a ese equipo lo ha hecho el mejor de la historia. Estamos deseando ver cómo le irá la vida a Pep fuera de Barcelona para poder terminar la comparación.

Echando la vista al futuro, a qué le espera al Real Madrid, la frustración tras caer eliminados en las seminales de Champions, sin duda, marca un punto de inflexión. Mourinho no se trae al club blanco cobrando doce millones de euros si no es para ganar la Décima. Y no lo ha conseguido… Muchos analistas ven en las palabras de Mou su salida la temporada que viene. Hace poco, escuchábamos cánticos en Stanford Brige pidiendo que regresara. Y él no gira la cabeza al escuchar “Chelsea” y admitir que le quieren varios equipos, pero uno sobre el resto.

¿Vendrá Ancelotti? Parece que está bien colocado: Finaliza contrato; mantiene una buena relación con el presi; cobra 7, 2 millones de euros, Mou 12; abre la puerta a la llegada de Verrati; carga con una experiencia probada en equipos con muchos peces gordos en el vestuario; y es un hombre de consenso, se deja aconsejar, la antítesis de Mou.

¿Qué pasará con “The Special One” al año que viene? ¿Amor por quedarse y triunfar? ¿Odio por marcharse? ¿Amor aunque se marche u odio aunque se quede? Hace poco veía una pancarta en la afición del Ínter donde manifestaban: “Nos sentimos huérfanos sin Mourinho”. De lo que deja absolutamente seguros, es que Mourinho seguirá viviendo entre odio y amor.

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