La mirada del tigre

Jorge Valdano, que no es precisamente falto en esto del fútbol, siempre ha mantenido que este deporte es un estado de ánimo. Voto a tal que el saber jugar también ayuda, faltaría más. Pero a lo que el actual director deportivo del Real Madrid se refería es a la suma importancia de la mentalidad, de la personalidad del futbolista. La motivación, la confianza y la seguridad en sí mismo se convierten en un arma letal para aquellos jugadores con una fortaleza mental única.

 

Siempre que salen a relucir esta clase de aspectos, no se puede eludir el ejemplo de Raúl. El capitán blanco ha sido objeto de numerosos debates, generando mil y una opiniones sobre sus habilidades y rendimiento. Pero si en algo ha unido a propios y extraños es en su definición como futbolista inteligente, pillo o pícaro. El siete merengue nunca ha sido un atleta, de hecho, físicamente jamás destacó, ni siquiera en sus inicios. Sin embargo, siempre encontró en su técnica y, sobre todo, en su sabiduría futbolística, las llaves para abrirse una puerta hacia el cielo futbolístico. En las últimas temporadas, donde su déficit en agilidad y velocidad se ha acusado aún más, su dominio del área, su afán de superación y su entrega le han mantenido en el once titular madridista.

Aún así, no basta con darlo todo en el campo y ser un ‘cerebrito’ (entiéndase en términos futbolísticos) para triunfar. Sin ir más lejos, el propio Raúl ha visto esta campaña como descubría una nueva ubicación en el club: el banquillo. El quid de la cuestión está en la dicotomía mentalidad/técnica. ¿Puede un futbolista nulo con el balón en los pies progresar gracias a su buena colocación o conocimientos tácticos? O alterando el orden los factores, ¿llegará a algo un jugador técnicamente genial sin dedicación ni constancia?

Se puede recurrir a mil y un casos para argumentar ambas corrientes. Por un lado tenemos a los díscolos, aquellos talentos que maravillaron a miles de aficionados y que decepcionaron a otros tantos por su irregularidad, su mala cabeza y la pésima gestión de su potencial. Hablamos de Guti, Ronaldinho o Romario. Mencionarlos conlleva cuestionarnos de manera inmediata ‘¿qué lugar hubieran ocupado en la historia del fútbol de haberse dedicado enteramente a su profesión?’. Es absurdo tratar de averiguarlo, al igual que triste ver tanta calidad tirada por la borda.

En ocasiones, esta falta de profesionalidad se debe a la ausencia de retos, a la falta de objetivos por cumplir. Muchos aseguran que el declive de Ronaldinho y su traspaso del Barcelona a los mejores locales de juerga, se debió a la consecución de todos los galardones habidos y por haber. Ligas, Champions, Supercopas, Balón de Oro, FIFA World Player por partida doble… No resulta tan descabellado pensar que tenía todo lo habido y por haber… Y se aburrió. Simplemente.

No obstante, la ambición puede recuperarse. Stallone trató de darnos una lección con Rocky III y su ‘mirada del tigre’. Un perfecto motivador sería, por ejemplo, Pep Guardiola. Si analizamos la plantilla del ‘sextete’ y la comparamos con la que un año antes cerró el ciclo de Rijkaard de manera ridícula, las diferencias son mínimas. Alves por Zambrotta y pare usted de contar. Un cambio muy positivo, desde luego, pero no lo suficiente como para convertir a un equipo que acabó la liga a 18 puntos del líder en la trituradora mágica que es ahora el equipo azulgrana.

Sin duda, la clave estuvo en el estado de ánimo. La mentalidad del grupo. Cómo Pep Guardiola supo recuperar anímicamente a un conjunto hundido y devolverlo a la senda de la victoria. Por supuesto, había una base de una calidad magnífica. Ni Xavi ni Messi aprendieron a jugar al fútbol de la noche a la mañana, tan solo necesitaban un pequeño empujón, un estímulo. El resultado es de sobra conocido.

Cuentan que en el vestuario madridista está pasando algo parecido. Afirman que los jugadores se sienten imparables, que el equipo está más compenetrado que nunca. Pellegrini, denostado y condenado hace apenas unos meses, es señalado hoy como el líder que ha unificado a la casa blanca. Tal vez sea demasiado pronto. Y más aún teniendo en cuenta que la fase final de la Champions está a punto de comenzar y que los madridistas aún continúan por detrás del Barça en Liga. Pero algunos se empeñan en ver un cambio de tendencia negativo en Cataluña y otro a la alza en Chamartín. Al fin y al cabo, el fútbol y sus derivados (como la prensa), es un estado de ánimo.

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