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El poder del deporte

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El deporte es uno de los fenómenos más populares de nuestro tiempo. Es en él donde se producen y expresan algunos de los grandes valores de la sociedad contemporánea. Cada uno se proyecta en el deportista y deposita en él sus esperanzas de victoria, sus ansias de triunfo, pero también las propias frustraciones y agresividad.

El deporte, como tal, puede reproducir lo peor del sistema económico en el que vivimos, pero no es impermeable a las contradicciones y conflictos del mundo moderno. Tanto jugadores como aficiones suelen expresar en los terrenos de juego algunos prejuicios de la sociedad: racismo, sexismo, homofobia, xenofobia…pero, a menudo, también expresan ideas y toman decisiones que rompen con esa imagen del deporte como algo banal y sin sentido.

Los propios deportistas tampoco escapan al racismo en su profesión. Lamentablemente, las actitudes racistas en las gradas de los campos de fútbol para atacar a jugadores rivales están más que normalizadas. Kevin Boateng, jugador ghanés del Schalke 04, lo ha denunciado constantemente y ha sido el primerfutbolista en lograr que un partido se suspendiera por los cánticos racistas de las gradas. En su etapa en el AC Milan, el jugador decidió abandonar el terreno de juego al escuchar estos cánticos, y todo el equipo rossonero hizo lo mismo en una importante muestra de solidaridad.

Preguntado sobre el incidente, el seleccionador italiano Cesar Prandelli declaró: “El Milan y Allegri –su entrenador- estuvieron fantásticos. Esto representa el primer paso para erradicar el racismo del fútbol”. El debate que se abrió en Italia no giró solamente en torno al fútbol, sino a la necesidad de hacer frente a las actitudes racistas en la sociedad. Recientemente, en nuestro país pudimos vivir algo similar cuando Dani Alves se comió un plátano lanzado por un aficionado que lo equiparaba a un chimpancé. Ese gesto del brasileño dio la vuelta al mundo que condenó esa deplorable acción de un espectador con prejuicios.

Para disfrutar de un deporte sin discriminaciones de ningún tipo es necesaria una transformación radical de la sociedad que acabe con las distintas opresiones. Así lo entendieron John Carlos y Tommie Smith cuando mostraron su apoyo al Black Power alzando sus puños en las Olimpiadas de México de 1968 cuando empezaron a sonar los acordes del himno estadounidense tras recibir sus medallas olímpicas.

Ello demuestra que el deporte puede contribuir en diferentes maneras al cambio social y al desarrollo de la humanidad. Políticas deportivas bien diseñadas al nivel local, nacional e internacional pueden contribuir a alcanzar metas de desarrollo de la humanidad. A nivel práctico, el deporte puede ser utilizado como herramienta para fomentar la asistencia a la escuela, mejorar la salud de las personas, crear trabajos, promover la igualdad entre sexos, o incrementar la consciencia ambiental, entre otros.

De entre los posibles efectos que el deporte provoca en la sociedad, quizá el mejor ejemplo de integración social, lo encontremos en la organización de competiciones para discapacitados físicos y sensoriales, que tienen su máxima manifestación, desde 1960, en la celebración de los Juegos Paralímpicos.

El movimiento paralímpico ha tenido un fuerte impacto, en lo que se refiere a la socialización y a la adquisición de valores y modelos de comportamiento humano. Así mismo, ha servido para realizar pruebas excepciones para la superación de difíciles barreras y graves limitaciones; o como trampolín hacia la realización de las personas; y, por último, como escenario abierto sobre el que mostrar niveles importantes de entusiasmo, energía, confianza, audacia, coraje, habilidad y destreza.

Además, los acontecimientos deportivos han sufrido el uso político a lo largo del tiempo y esto no escapa a la actualidad. La esencia del deporte fue enmascarada bajo el manto de la defensa de la identidad nacional como símbolo de poder en este tipo de eventos. El organizar unos JJOO está, hoy en día, en los programas políticos más ambiciosos, y si no, que se lo digan a Alberto Ruíz Gallardón.

Estas situaciones fueron posibles desde el momento en el que los Estados tuvieron que hacer frente a los costes de organización de estos mega-eventos y se sirvieron de ello para favorecer el enfrentamiento en la competencia.

En un principio, la noción de Estado-nación necesitaba crear una conciencia e identidad nacional a través de la unidad social y cultural de los habitantes de cada territorio. Esta se convirtió en el principio estructurador de las competencias deportivas internacionales, tanto de conjunto como individuales.

Los eventos deportivos despiertan los sentimientos patrióticos de los espectadores. El deporte de alta competencia cumple una función importante para la afirmación de la identidad nacional, ya que el estadio se convierte en el escenario donde la nación está representada por los colores de cada bandera y el canto del himno. Allí se simboliza una guerra y la victoria se convierte en símbolo de cohesión.

En ocasiones, lo que sucede en un estadio puede dar una muestra de la temperatura política de la sociedad. La afición del Estudiantes gritó al unísono, en el Palacio de Deportes de Madrid, “sanidad pública, sanidad pública”, en una muestra del amplio descontento de población contra los recortes en los servicios públicos y el apoyo a la denominada marea blanca. Bajo el lema de “Menos dinero para estadios, más para sanidad y educación”, los movimientos sociales desarmaron la lógica de la austeridad y el neoliberalismo, durante la Copa Confederaciones, denunciando la falta de recursos para servicios públicos frente al enorme gasto en instalaciones deportivas para el Mundial y los JJ.OO.

No son pocas las aficiones que participan en movimientos sociales y revueltas políticas. En Egipto, los ultras del equipo de fútbol más importante del país norafricano se unieron a las revueltas contra Mubarak, y fueron una parte importante de la primavera árabe desde el inicio. Tal era el poder que movían, que la junta militar que gobernó hasta las elecciones presidenciales orquestó una masacre contra los hinchas del Al-Ahly en febrero de 2012 que dejó 75 muertos y más de 1.000 heridos. El crimen de Port Said no solo fue un ataque a los ultras, sino al conjunto de las fuerzas que habían derrocado a Hosny Mubarak un año antes.

 “El deporte tiene el poder de cambiar al mundo; tiene el poder de inspirar; tiene el poder de unir a las personas de una manera que pocas pueden lograr” – Nelson Mandela

NOTA: En próximos números veremos casos en los que el deporte ha sido un ejemplo para ayudar a una evolución de la sociedad

 Twitter: @Diego_R_Moreno

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