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El Barça ha perdido el estilo

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Implantado por Cruyff, mejorado por Rijkaard y alcanzando la excelencia con Pep, el estilo parecía el santo grial del mundo culé. Todo se articulaba en torno a un centro del campo que dio éxitos tanto al Barça como a la Selección. Xavi, Iniesta, Busquets... eran los directores de una orquesta entonada en la que Messi o Eto'o ponían los acordes definitivos. El ejercito de Guardiola conquistaba el mundo y parecía que su éxito sería infinito. Pero en esta vida todo llega y todo pasa. Y así fue.

Tras Vilanova y el desastre del Tata, Luis Enrique aterrizó vendido como el salvador, el que sería capaz de resucitar el estilo que impuso Pep. Fueron pasando los partidos con más puntos que juego, en una desigualada Liga, hasta que llegaron los primeros evites serios. PSG y Madrid, en el que supuso el primer ataque de entrenador del Lucho, airearon las carencias de un equipo sin rumbo ni defensa.

Ahora, otra vez en línea regular, gana los partidos por sus individualidades. Ya no es el conjunto coral que defendía y atacaba al unísono. Sólo un chispazo de sus estrellas maquilla el desordenado planteamiento de este nuevo Barça. El poder del equipo ha cambiado de lugar, con lo que eso supone. La delantera es su punto fuerte. Los tres de arriba podrían solucionar hasta el conflicto de Afganistán, pero su defensa lo volvería a crear.

El centro del campo parece prescindible. El lugar donde se fragua el juego, donde se crea la acción, es un mérito trámite para que el balón llegue a los que habitan en el área y sus alrededores. Este no es el Barça que conocimos. Ha cambiado, para mal, claro. La fortaleza que exhibía con su alta presión y su defensa infranqueable ha pasado a ser una debilidad cada vez que el conjunto rival traspasa la línea del centro del campo.

El manejo del balón es lento y previsible, sin un motor que articule el juego. Xavi está mayor e Iniesta se va apagando, Busquets no está en su mejor momento y Rakitic no tiene continuidad. Para colmo, en la banda, Luis Enrique no convence con sus planteamientos y desorienta con sus decisiones a los jugadores, pero gana. En el fútbol mientras la pelotita entre estás seguro. De momento entra. Pero el equipo es débil, quizá demasiado para conquistar los objetivos marcados. Pan para hoy y hambre para mañana.

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