Rafa, ¡no me jodas...!

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OPINIÓN. Aunque soy partidario de dar continuidad a los proyectos y de no perder la paciencia antes de tiempo, el hecho de que el Real Madrid se haya quedado a cero en cinco de los nueve partidos disputados desde que Benítez es entrenador merece una reflexión. La calidad de los hombres de arriba pudo llevar los tres puntos a la capital en los instantes finales, pero aún así, la sensación del madridismo no habría sido del todo dulce a juzgar por lo visto en el césped de El Molinón.

En los últimos años se ha convertido en una constante el hecho de que el Real Madrid sufra de más en los primeros compases ligueros, algo que se explica teniendo en cuenta que los blancos no alcanzan su estado óptimo hasta finales de septiembre fruto de las giras veraniegas que poco o nada se parecen a una pretemporada. Millones de euros en ingresos que sin embargo no compensan las pérdidas de puntos a las primeras de cambio que se acusan al echar cuentas en primavera.

Aunque, como digo, el Real Madrid no suele comenzar especialmente bien las competiciones oficiales, hay una diferencia en cuanto a sensaciones entre lo visto hasta ahora con Rafa Benítez y lo vivido en etapas anteriores a estas mismas alturas: la dichosa falta de gol, una cuestión que trae de cabeza al madridismo y que es ya una realidad teniendo en cuenta que los blancos se han quedado a cero en cinco de los nueve partidos disputados hasta ahora. Inédito.

Lo que antes era golear sin brillo, ahora es no brillar y además no marcar. Asumiendo que desde hace unos años estás obligado a sumar 100 puntos para ser campeón, el Real Madrid se ha metido en el primer lío demasiado pronto y, como ya es una constante, le toca ir a remolque cuando solo se acaba de abrir la veda. El año pasado ya se dejó seis puntos en los tres primeros partidos, un botín demasiado valioso teniendo en cuenta lo caro que está el título de Liga. Rafa Benítez debe mirarse en aquel Madrid de Ancelotti que se levantó y alcanzó el liderato antes de Navidad. Esto acaba de empezar y la mejor noticia para él son las 37 jornadas que restan.

El técnico madrileño merece la paciencia y la confianza que merece cualquier técnico que solo lleva dos meses de trabajo, pero lo cierto es que el nuevo Real Madrid deja dudas donde nunca las ha habido: en el ataque. ¿Cómo es posible que los mismos jugadores que el año pasado hicieron 153 dianas no hayan encontrado el camino del gol en más de la mitad de sus partidos? Contra el Galatasaray se ganó, pero la escasez ofensiva quedó patente y, yendo más allá, los turcos ‘desnudaron’ por momentos a los anfitriones del Trofeo Santiago Bernabéu con superioridad en media cancha.

La afición perdió los nervios y dejó los primeros pitos de la temporada para determinados jugadores y para un Rafa Benítez al que se le pide que aplique la lógica, porque tener a James y a Isco sufriendo en los costados y a Gareth Bale padeciendo claustrofobia entre líneas no es lógico. Y se está viendo. La libertad de movimientos que predica el preparador madrileño cada vez que le preguntan por la posición del galés suena bien, pero en la práctica son cuatro pollos sin cabeza que ocupan mal los espacios.

Superpoblación en algunas zonas del campo y escasez de efectivos en otras que permiten al rival defender basculando lo justo. Porque el Sporting hizo su partido, un gran partido en lo táctico e incluso metió miedo en sus escasas llegadas al marco de Keylor, pero lo cierto es que el Real Madrid se lo puso fácil con circulaciones previsibles y sin una figura ofensiva dentro del área que fijara a los centrales rojiblancos. Facilidad para adelantar la zaga y atascar más si cabe el fútbol merengue a base de juntar líneas.

La suplencia de James ya disgustó a la parroquia blanca antes de comenzar la batalla de Gijón. Porque, con todo el respeto a los once que salieron de inicio, el nivel del colombiano aun con tres semanas menos de preparación es suficiente para ser de la partida desde el minuto cero. Benítez optó por el 4-2-3-1 con Jesé en punta, Cristiano en la izquierda, Bale de ‘10’ e Isco en la derecha. Ese era el plan inicial antes de comenzar un baile de posiciones que no solo no fructificó sino que además dejó un fútbol atropellado en la misión de encontrar el gol.

¿Por qué no asentar el equipo y poner cada pieza en su lugar? ¿Por qué no alinear a Bale en una banda y a Isco entre líneas? ¿Por qué mantener al galés de mediapunta y tirar a James a banda derecha cuando se agotaban los cartuchos? Rafa Benítez es quien mejor conoce a sus pupilos, pero la afición le pide que aplique la lógica y que ponga a cada jugador donde más cómodo se sienta y donde rinda de manera óptima.

Porque, señores, nadie se cree que Bale esté cómodo entre líneas cuando antes de recibir ya tiene dos marcas encima. El fútbol español no es como aquella Premier en la que el ‘Expreso’ recibía en su campo y lanzaba la transición a la velocidad de la luz. En partidos como el de El Molinón donde el rival junta líneas y sitúa a los once jugadores por detrás del balón, el ex del Tottenham se ahoga y lo que es peor, desplaza a Isco a una banda en la que hace daño por su calidad individual pero no todo el que podría hacer jugando por detrás de un ‘9’.

Nadie duda que Benítez pueda revertir la situación, pero tendrá que empezar a aplicar la lógica si no quiere perder el tren de la Liga antes de tiempo. Las piezas del puzzle son buenas, pero hay que saber colocarlas ¿Qué sentido tiene que James e Isco –dos jugadores que la piden al pie- jueguen en la banda y Bale –un jugador que la pide al espacio- juegue por dentro? Por tiempo no será, pero algo tiene que cambiar. Rafa, ¡no me jodas…!

@borja_velasco8

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