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Iker Casillas, tenemos el mundo que nos merecemos

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Iker Casillas ya no es portero del Real Madrid. Aún cuesta asimilar tal afirmación, tanto o más como imaginarle con una camiseta que no sea la del club merengue. Tras 25 años en la Casa Blanca, el capitán abdica y se despide solo, sin compañía y ante una sala de prensa que tampoco se llenó. Tal y como él ha querido.

Ninguna leyenda, sea cual sea su presente o estado de forma, debe despedirse por la puerta de atrás. Algunos se regocijan pensando en que lo único que se daña es la imagen del 'apestado', pero lo que queda denostado en todo el mundo es el 'señorío' del club que permite acoger tal escena en su seno, en su estadio.

Por eso, el Real Madrid quería despedir a Iker Casillas a lo grande. 'El héroe que Gotham se merece'. No iba a haber títulos recientes, pero sí 19 conquistados en 16 temporadas como jugador del primer equipo. Todos sus compañeros iban a acompañarle para rendir honores al que ha sido su capitán, en mayor o menor medida. El sábado era el día idóneo, incluso para abrir las puertas del Santiago Bernabéu y que miles de incondicionales llenasen las gradas. La estampa perfecta.

Pero no. Iker Casillas no quiso. El futbolista, que aceptó su traspaso al Oporto el miércoles pasado, reculó el jueves y volvió a hacerlo el sábado. Su salario, el principal escollo. Para el guardameta, le han abierto la puerta de salida. No se va, le han echado. Sin empujones, sin necesidad de dar alaridos para llamar a la seguridad, pero le han 'limpiado'. Es su sensación y así pone rumbo a Oporto.

Al mítico '1' que levantó Mundial y Eurocopas se le han agotado todos los superpoderes de manera progresiva. El último, el de la percepción. Casillas seguía pensando hasta hace un mes (así se lo hizo saber a José Ramón de la Morena) que aún reunía las condiciones necesarias para ser titular en el Real Madrid. Se aferraba a ese "talento innato" que confesó a Iñaki Gabilondo hace meses y a un contrato vitalicio firmado en 2008, cuando Iker era el mejor guardameta del mundo.

Lo que El Santo era incapaz de comprender, quizás mal aconsejado, es que su momento ya pasó. Y es natural. No hay más que echar la vista arriba, a ese 'país pequeñito' que decía Pep Guardiola. Xavi Hernández, de la misma quinta que Iker Casillas, estuvo a punto de abandonar el Barça por la puerta pequeña hace un año. Se reunió con el club y fue claro: "Si molesto, me voy". Sin exigir finiquito. Luis Enrique le pidió que aguantase, aunque fuera en el banquillo. El '6' aceptó, se reconvirtió en un suplente de lujo, cedió galones y acabó levantando Liga, Copa y triplete. Las comparaciones son odiosas, y más si miramos sus actos de despedida.

Iker jamás aceptó ser suplente. Nunca quiso ver que los asientos del cómodo banquillo merengue pedían a gritos su presencia. Repitió por activa y por pasiva que se pensaría dejar el Real Madrid cuando Diego López defendía la portería en Liga, provocando que el gallego abandonase una lucha innecesaria y pusiera rumbo a Milán. Con Keylor fue más sencillo. Ancelotti trató de evitar otra temporada convulsa y apostó por Casillas desde el minuto uno. Una bala que se encasquilló y acabó en el corazón del técnico italiano, despedido tras ser el único que ganaba cuatro títulos en un año físico con el conjunto merengue.

Sí, duele ver a un hombre que ha regalado tantas noches mágicas bajo los palos despedirse como un mero mariachi. Igual que duele ver a alguien que ha sido enorme, que ha inspirado a toda una generación, no saber aceptar el paso del tiempo. No reconocer sus limitaciones actuales y seguir pretendiendo ser alguien que ya no es. La despedida de Iker Casillas ha sido tan vergonzosa como justa. Tenemos el mundo que nos merecemos.

Twitter: @NJSaez

Gente en la conversación

  • There Will Be Haters

    Permalink

    Más razón que un Santo (y nunca mejor dicho)

  • loren

    Permalink

    tenia que haberse ido el año pasado con la decima y la copa que ademas las jugo de titular. este año solo ha tirado todo por la borda

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