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Cuando las ratas invaden el vestuario

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Plaga de ratas, una de las cosas más temidas por la humanidad, aunque a veces no es necesario que la camada sea numerosa para que siembre el caos en un lugar. En ocasiones, una sola rata es más poderosa que decenas de personas. Sobre todo si toma el control del vestuario.

A veces también pasa que una persona, a la que llamaré M, llega a un equipo admirando a alguien, hasta que conoce a ese alguien. De ambas situaciones fusionadas no puede salir nada bueno y más si le hieren su orgullo.

Aunque todo empezó antes. M no es una persona a la que le siente bien que las conversaciones privadas salgan a la luz. Si incluyen detalles tácticos para sorprender al rival –como que un central juegue de mediocentro en uno de los partidos más importantes de la temporada- mejor absténganse. Con la filosofía de ‘lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas’, M pretendía que lo que contase a su plantilla, en la que a priori confiaba, se quedara ahí.

Pese a que al principio M no apuntó a C directamente, terminó estando entre sus ‘señalados’. Como si Tyrion Lannister comenzara a filtrar distintos rumores para ver cuál le llegaba a la Reina, M se involucró indirectamente para encontrar a la rata del vestuario y no dudó en castigarla como se merecía, pero en su investigación muchas víctimas sufrieron daños colaterales, víctimas que terminaron volviéndose en contra de M. Así, M tuvo que abandonar el vestuario y C volvía a capitanear a una plantilla que había descubierto su verdadero ‘yo’, dividiéndolos a ellos y, por extensión y por sus filtraciones a los medios, dividiendo también a la afición.

Los ‘pro-C’ se limitaban a vivir del pasado, a apelar a ‘todo lo que había hecho C por el club’ y defendiendo a esa letra que seguía estando al máximo nivel para ellos. Mientras tanto, los ‘anti-C’ miraban la realidad de forma bien distinta, respetando lo que había aportado pero buscando el bien de un equipo que empezaba a deshacerse.

Ese bien, para ellos, llegaba de la mano de A y de la continuidad de D. Lo primero ocurrió, lo segundo no. Instaurar la calma no iba de la mano de D, que tuvo que cambiar de aires tras un trabajo bien hecho. Al fin y al cabo, C volvía a mandar y no iba a regalar su puesto después de echar al que se lo arrebató.

Con un ansiado trofeo de por medio tras la llegada de A y después del caótico paso del huracán M, los ‘pro-C’ se sintieron aliviados y obviaron que C comenzaba a ‘cantar’ más de lo estipulado, aceptando unos generosos premios de consolación que servían de cortina de humo para todo lo que estaba pasando dentro.

Un año después, los ‘anti-C’ continúan revelándose, intentando tomar el control de una situación que hace mucho se fue de las manos de C. Después de todo lo que le ha ocurrido, C se ha percatado de que no puede contentar a todas sus amistades, sobre todo si hay un conflicto de intereses entre ellas.

Quizás si C hubiera elegido otro destino, su situación ahora sería diferente. La confianza es vital para un futbolista, y si hubiese medido sus palabras tal vez la afición no se habría vuelto en su contra y le habría dado un plus de confianza. Pero solo tal vez. Al fin y al cabo, la edad causa estragos.

Twitter: @alba__23

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