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El secreto de Gino Bartali

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Amado por Benito Mussolini, fue una de las grandes figuras del deporte del siglo XX. Considerado como el ciclista del Duce hasta el último día de su vida en el año 2000 se llevó un secreto a la tumba. Protagonizó una de  esas historias que trascienden el ámbito deportivo para brillar más en la faceta humana, de las que elevan a la categoría de leyenda al ayudar entre pedaleo y pedaleo a judíos italianos durante la Segunda Guerra Mundial.

Nacido en 1914 en un pequeño pueblo toscano, Gino Bartali tuvo claro desde pequeño que su vida sería la bicicleta. Sólo la necesidad de la familia de que trabajara con ellos en el campo para poder comer le impidió iniciarse antes en el ámbito profesional. Pero en cuanto comenzó a ganar carreras amateurs consiguió convencer a los suyos de que su futuro estaba en el ciclismo, y que ésa era la manera en la que debía ayudar en casa.

Los comienzos no fueron fáciles. En la primera carrera profesional que disputó terminó inconsciente después de chocar con un espectador, lo que provocó las reticencias de su familia. Todo cambió en una Europa cada vez más convulsionada. En su segunda participación de la gran competición transalpina, Bartali se convirtió en el inesperado ganador del Giro de Italia de 1936. Había nacido "el ciclista alado", "la bala humana". Los calificativos de la prensa se agotaban ante la irrupción de su nuevo ídolo.

Al año siguiente y después de querer retirarse por la muerte de su hermano Guilio, golpe del que nunca se repuso, volvió a adueñarse del maillot rosa que viste al ganador.

Obligado por la dictadura, en 1938 Bartali renunció al Giro y se concentró en el Tour de Francia, competición que acabaría ganando para regocijo de Mussolini que aprovechó el triunfo del ciclista en un “territorio enemigo” como el francés para ensalzar al régimen fascista.

"Mussolini creía que si un italiano terminaba triunfante el Tour, eso mostraría que los italianos también pertenecían a una raza superior", explica el hijo de Bartali, Andrea. "La victoria se mi padre se convirtió en un asunto de orgullo nacional y de prestigio del fascismo, por eso estuvo bajo una enorme presión".

Bartali fue invitado a dedicar su triunfo a Mussolini, pero declinó el ofrecimiento, lo que constituía un grave insulto a Il Duce, además de un riesgo mayúsculo. "Tus ideas no gustan, pero no podemos renunciar a tus piernas", le anunciaron.

Poco antes del estallido de la Guerra, vio la aparición de su gran rival: Fausto Coppi. Con roles muy distintos, compartían equipo, el Legnano. La estructura giraba en torno a la estrella, Bartali, mientras que Coppi cumplía un papel secundario. La ruptura entre ambos se produjo en el Giro de 1940.

Bien comenzado la carrera, Bartali se cayó. Eso provocó un importante retraso en la clasificación general que lo dejó sin opciones de pelear por el maillot rosa. Ante tal situación, un desconocido Coppi, de 20 años, pidió permiso para desprenderse de sus obligaciones y ocupar el lugar de la estrella. Le dieron vía libre y ganó. A Bartali le enojó que uno de sus súbditos se revelara y osara ponerse a su altura.

La Segunda Guerra Mundial truncó la plenitud deportiva del ciclista e impidió la oportunidad de agrandar el palmarés. Terminado el conflicto, y recuperada con ello la actividad deportiva, Bartali regresó al ciclismo. Tenía ya 31 años, considerado entonces mayor para la competición, en detrimento de Coppi.

Eran dos ciclistas completamente distintos, pero sobre todo dos personas totalmente opuestas. Bartali era el reflejo de una Italia campesina, pobre, católica, fiel a las tradiciones; Coppi era el símbolo de una Italia cosmopolita, adinerada, proyectada hacia el futuro. Nacía así el duelo del siglo del ciclismo italiano.

En realidad, fue más una rivalidad creada por el pueblo y la prensa que por ellos mismos. El país estaba dividido en los Bartalistas y los Coppistas. Un antagonismo que se terminó durante una etapa en el Tour de 1952. Allí, mientras iban en busca de la victoria final, Bartali le dio de beber de su botella de agua a un exhausto Coppi; o fue este último el que le dio de beber de su botella a su fatigado rival. Una imagen que quedó para la posteridad de la historia del deporte, y terminó con un duelo legendario, en la carretera y fuera de ella.

  • Su mayor triunfo

Incansable y jamás decidido a rendirse, su carrera duró 20 años. El y la bicicleta eran uno solo: sobre las dos ruedas ganó 3 Giros de Italia, dos Tour de Francia (a diez años de distancia uno de otro), cuatro Milán-San Remo, cuatro campeonatos italianos y mucho más. Pero iba a ser durante la Segunda Guerra Mundial cuando logró su mayor triunfo, que precisamente no iría acompañado a modo de trofeo.

Años atrás del conflicto, Mussolini había publicado su “Manifiesto sobre la Raza”, que, entre otras cosas, provocaría que los judíos perdieran la ciudadanía italiana, sus profesiones y cualquier puesto que ocuparan en el gobierno. Sin embargo, Italia seguiría siendo un refugio para los judíos hasta su rendición en septiembre de 1943. Desde ese momento, tropas alemanas ocuparían regiones del norte y centro del país y comenzarían a capturar judíos y a enviarlos a campos de concentración.

Entre 1943 y 1944 integró una sociedad clandestina que fabricaba pasaportes falsos para que los judíos y otras personas perseguidas por el régimen pudieran escapar del país. La función del ciclista era la de cartero: transportaba a través de la Toscana la documentación, escondiendo en los tubos de su bicicleta y bajo el sillín. Como nadie se animaba a contradecir a un ídolo que, además, contaba con el beneplácito del Duce, le pedían un autógrafo y lo dejaban continuar sin hacer más preguntas.

Jamás contó nada a sus amigos ni a sus familiares al respecto. Ni siquiera una insinuación. Se llevó a la tumba ese secreto que podía haberle redimido fácilmente ante la sociedad italiana de su estigma fascista. Se calcula que salvó la vida de alredor de 800 personas.

Twitter: @Diego_R_Moreno 

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