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Cuando Inglaterra se doblegó ante el nazismo

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El 4 de diciembre de 1935, ante 54.000 espectadores, se disputó un partido amistoso entre las selecciones inglesa y alemana de fútbol. Nada destacable, sino fuera por el hecho de que en aquel momento Alemania estaba gobernada por Adolf Hitler. El himno y la bandera de la esvástica se alzó aquel día en White Hart Lane, campo del Tottenham Hotspur, ubicado en una zona con una importante comunidad de judíos ortodoxos.

Reino Unido fue uno de los principales bastiones de lucha contra la expansión del nazismo. La Commonwealth, junto con Estados Unidos, la Unión Soviética y Francia se opondrían al régimen de Adolf Hitler, que dos años antes había llegado al poder.

No siempre fue así. Un día, o mejor dicho dos, el país británico se doblegó ante las autoridades nazis. Lo hizo a través del fútbol, y las imágenes de ambas jornadas han quedado para siempre en los recuerdos más funestos de la historia inglesa.

Inglaterra invitó a Alemania a disputar un amistoso en la isla. Ambas selecciones se consideraban a sí mismas como las mejores de Europa. El choque debía de ser un espectáculo. Pero en Alemania, el partido nazi había llegado al poder dos años antes, cuyas ideas no eran bien vistas por el pueblo británico y mucho menos en Tottenham, un barrio de Londres en el que habitaba una numerosa comunidad de judíos. Meses atrás. Hitler había aprobado las Leyes de Nüremberg, con un marcado carácter racista y antisemita, y que, entre otras, prohibía la relación del pueblo judío con el alemán. Fue el preludio del Holocausto.

Desde que se anunciara el evento, una fuerte polémica se instaló en la isla. Las fuerzas judías y la de los partidos de izquierda se movilizaron hasta el punto de pedir la prohibición de que los germanos pisaran suelo del Imperio Británico.

El Congreso de los Sindicatos (la Trade Unions) se dirigió a la Secretaría de Estado para solicitar la anulación del partido esgrimiendo que las calles de Londres se iban a convertir en un teatro gratuito para que los nazis exhibieran su simbología, con la esvástica como estrella, lo que se podía interpretar como un apoyo de Reino Unido a las ideas nacionalsocialistas. Por el contrario, los partidos cercanos a la causa alemana prepararon una calurosa recepción a la Männschaft.

  • El día D

La Federación Inglesa quiso separar por completo el deporte de la política. En los aledaños del estadio se había convocado una manifestación antinazi y la policía londinense tuvo que idear un plan especial porque Alemania traía una expedición de 10.000 hinchas teutones. La tensión, como era obvio, explotó y finalmente hubo siete detenidos.

Pese a todo, el partido se disputó. Inglaterra ganó (3-0) de forma sencilla. Pero la estampa que se había producido justo antes de comenzar el choque y el recuerdo que quedaría de dicho encuentro, significaría una derrota extradeportiva para el país británico. El himno nazi sonó en suelo inglés, los jugadores alemanes realizaron el peculiar saludo fascista con el brazo en alto, y la esvástica ondeó en la tribuna del White Hart Lane. Solo la muerte el día anterior de la Princesa Victoria impidió que la bandera germana solo se alzara a media asta.

Era una victoria alemana para mandarle al mundo un mensaje de que "no era un país malvado". Inglaterra así lo reconocía. Era, a su vez, un mensaje de paz, de fair play, cuando al mismo tiempo Hitler planeaba la invasión de Checoeslovaquia.

Casi un año después, en octubre de 1936, la selección germana visitó Ibrox Park, en Glasgow, para enfrentarse a la selección escocesa. Sin embargo, los locales se cuidaron de no realizar ningún gesto que, a diferencia de sus vecinos del sur, pudiera ser interpretado a ojos del mundo como un reconocimiento al régimen de Adolf Hitler.

En mayo de 1938, sólo dos meses después de la anexión de Austria por el Tercer Reich, los dirigentes del Ministerio de Exteriores del gobierno británico y los de la Federación Inglesa de Fútbol (FA) decidieron devolver la visita.

Los jugadores británicos realizaron el saludo nazi a los 105.000 espectadores presentes en el Olympiastadion de Berlín. Aquello fue fruto de la política de acercamiento hacia Alemania por parte del gobierno inglés, una indigna muestra de reconocimiento al régimen de Adolf Hitler que ya empezaba a demostrar lo que sucedería años más tarde. Aquel amistoso acabó con una aplastante goleada visitante (3-6). En toda la historia del deporte, nunca una victoria ha sido tan humillante para los vencedores.

Twitter: @Diego_R_Moreno

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